Un volumen que reúne dos textos capitales de Milan Kundera —el discurso pronunciado en el Congreso de Escritores Checoslovacos de 1967 y el ensayo «Un Occidente secuestrado o la tragedia de Europa central» (1983)— precedidos por sendas…
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Un volumen que reúne dos textos capitales de Milan Kundera —el discurso pronunciado en el Congreso de Escritores Checoslovacos de 1967 y el ensayo «Un Occidente secuestrado o la tragedia de Europa central» (1983)— precedidos por sendas presentaciones de Jacques Rupnik y Pierre Nora. A través de la historia checa y de la experiencia de Hungría, Polonia y Checoslovaquia, el autor defiende la cultura como condición de supervivencia de las naciones pequeñas frente a la censura, el conformismo y la disolución en bloques más grandes.
Esta edición reúne dos intervenciones de Milan Kundera separadas por dieciséis años pero unidas por una misma inquietud: qué papel cumple la cultura en la supervivencia de las naciones que carecen de la seguridad histórica de las grandes potencias. El primer texto reproduce el discurso de apertura que Kundera pronunció en el Congreso de Escritores Checoslovacos de 1967, un momento que, según explica Jacques Rupnik en su presentación, se convirtió en un pulso decisivo entre los escritores y el poder comunista y en un preludio de la Primavera de Praga. Kundera parte de una idea provocadora: la existencia misma de la nación checa nunca fue evidente, sino una apuesta consciente asumida por un puñado de intelectuales a comienzos del siglo XIX que resucitaron una lengua casi extinguida. Recorriendo las dudas planteadas en su día por autores como Hubert Gordon Schauer —¿valía la pena reconstruir un pueblo pequeño en lugar de fundirlo en una cultura mayor?— y las respuestas de figuras como František Palacký o Jan Neruda, Kundera sostiene que solo una contribución cultural original, universal por lo particular, justifica el esfuerzo de existir como nación diferenciada. De ahí extrae una defensa apasionada de la libertad de creación frente a la censura, a la que llama, sin rodeos, una forma de vandalismo practicada por gente instruida y satisfecha de sí misma. El discurso culmina anticipando un dilema que trasciende la Checoslovaquia de los años sesenta: el de las lenguas y culturas pequeñas amenazadas de disolución por procesos de integración cada vez más vastos. El segundo texto es el célebre ensayo publicado en 1983 en la revista Le Débat, precedido aquí por una presentación de Pierre Nora que recuerda el impacto que tuvo en la reconfiguración del imaginario europeo antes de 1989. Partiendo del último mensaje enviado por la agencia de prensa húngara durante la ofensiva soviética de 1956 —«Moriremos por Hungría y por Europa»—, Kundera desarrolla la idea de una Europa central culturalmente occidental pero políticamente relegada al Este tras 1945: una zona intermedia, la más compleja de las tres Europas de posguerra, donde se concentraron las grandes revueltas del siglo —Hungría 1956, Praga 1968, Polonia 1956-1970—, todas ellas sostenidas, a diferencia de otros levantamientos, por un vínculo estrecho entre la creación cultural y el pueblo. El ensayo distingue esa experiencia de la rusa, y advierte contra la desmemoria de un Occidente que, según Kundera, ya no se piensa a sí mismo en términos culturales y por eso no percibe el drama de las naciones que, al otro lado de una frontera trazada por la fuerza, siguen reclamando su pertenencia a la civilización europea. Juntos, ambos textos —el discurso de 1967 y el ensayo de 1983— trazan un mismo argumento sostenido a lo largo de dos décadas: la cultura no es un adorno ni un lujo de élites, sino el terreno donde se juega la identidad, la libertad y, en última instancia, la existencia misma de los pueblos pequeños.