Una tarjeta postal desde los Alpes basta para alterar la rutina de los Federmann: la tía Fé, anciana, riquísima y de humor imprevisible, anuncia su llegada.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Una tarjeta postal desde los Alpes basta para alterar la rutina de los Federmann: la tía Fé, anciana, riquísima y de humor imprevisible, anuncia su llegada. Instalada en la suite de un gran hotel, cita a los tres hermanos —Felicitas, Fabian y Fanny— y les propone un juego con deberes: averiguar de dónde sale el dinero. Entre tés, jereces y golpes de bastón, la conversación se convierte en una educación económica y sentimental, narrada con humor por la hermana mayor.
En una casa pareada de las afueras, la familia Federmann cultiva una normalidad casi de manual: un padre funcionario en la oficina de matriculación de vehículos, una madre húngara de nacimiento aficionada a las rebajas, tres hijos cuyos nombres —por una vieja terquedad familiar— empiezan todos por efe. La hipoteca a medio pagar y unas cuentas que nunca cuadran a fin de mes convierten el dinero en el ruido de fondo de cada cena. Sobre ese decorado irrumpe la tía Fé: tía abuela lejana, dueña de una villa junto al lago Lemán y de una fortuna cuyo origen nadie se atreve a preguntar en voz alta.
La visita no se queda en la mesa familiar. Desde el ático del hotel donde se aloja, la anciana convoca a Felicitas, Fabian y Fanny —y solo a ellos— para inaugurar una escuela particular sin notas ni libros: un juego de preguntas y redacciones sobre aquello que nadie enseña en clase. ¿De dónde sale el dinero? ¿Por qué nunca alcanza? ¿Qué ocurre cuando un banco emisor imprime sin freno, cuando un Estado devalúa, reestructura o deja de pagar? Las respuestas de los tres hermanos —desde la fe de la pequeña en el cajero automático hasta el escepticismo razonado de la mayor— dan pie a las digresiones de la tía, que mezcla trueques prehistóricos, monedas fenicias, inflaciones galopantes, torres de hormigón en Basilea y anécdotas de sobremesa con banqueros incapaces de definir su propio oficio.
Narrada en primera persona por Felicitas, a punto de cumplir dieciocho años, la obra alterna la crónica doméstica con una divulgación económica en voz alta, puntuada por citas y refranes sobre el dinero que funcionan como contrapunto irónico. El resultado es a la vez comedia de familia y manual heterodoxo: el retrato de una clase media que discute de facturas mientras evita hablar de herencias, y un relato de iniciación en el que entender cómo funciona el dinero se parece bastante a entender cómo funciona el mundo adulto.