La técnica ha entrado en la lista de los grandes temas de la filosofía, y este libro explica por qué. A través de ocho pensadores contemporáneos —Ortega y Gasset, Heidegger, Patočka, Arendt, Jonas, Ellul, Habermas y Sloterdijk—, el autor…
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La técnica ha entrado en la lista de los grandes temas de la filosofía, y este libro explica por qué. A través de ocho pensadores contemporáneos —Ortega y Gasset, Heidegger, Patočka, Arendt, Jonas, Ellul, Habermas y Sloterdijk—, el autor reconstruye las ideas que han permitido nombrar nuestro tiempo como «era de la técnica»: no un mundo con más herramientas, sino un mundo transformado de raíz en su manera de pensar, de vivir y de organizar el poder.
Hay temas que la filosofía tarda siglos en incorporar. Este ensayo parte de una constatación: la técnica figura ya junto a la verdad, el ser, la naturaleza o la justicia, y lo hace con una actualidad triple —la de todo gran tema, la de un clásico recién llegado y la de aquello que mejor define nuestra época—. El punto de partida no es la abundancia de artefactos: herramientas hubo siempre, y el mito de Prometeo lo atestigua. Lo nuevo es la conversión del mundo entero en mundo técnico: la técnica hecha ideología, megasistema, poder sin límite y promesa de un ser humano distinto de sí mismo.
Antes de preguntar qué debemos hacer, el libro insiste en preguntar dónde estamos, porque la orientación de la acción depende de cómo comprendamos la situación y de cómo nos comprendamos dentro de ella. Solo desde ese esclarecimiento adquieren formulación adecuada los interrogantes sobre bioética, sostenibilidad, globalización tecnológica o lo «posthumano».
Sobre esa base se despliegan ocho recorridos. En Ortega, la técnica se enlaza con la vida y la imaginación creadora: primero como ingrediente de la sociedad masificada y del «hombre masa» —satisfecho, sin proyecto, incapaz de advertir lo anormal de lo normal—, y luego como reforma de la naturaleza, adaptación del medio al sujeto y, por fin, creación de un mundo nuevo nacida del extrañamiento y de esa interioridad fantástica de la que brota todo proyecto. Heidegger conduce a la cercanía y al Gestell; Patočka, a la problematicidad, el sacrificio y la solidaridad de los conmovidos; Arendt, a la distinción entre labor, fabricación y acción, y a la alienación de la tierra; Jonas, a una responsabilidad a la altura del poder técnico; Ellul, a la lógica cerrada del sistema; Habermas, a la técnica como ideología; Sloterdijk, a las técnicas de crianza y a la homeotécnica.
El autor apenas compara a unos con otros: prefiere que coincidencias y diferencias no se capten demasiado pronto. Lo que persigue es seguir pensando con lo ya pensado, convencido de que entender qué comunidad política y qué mundo merecen nuestro esfuerzo dejó hace tiempo de ser algo ajeno al meollo de la técnica.
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