En un piso destartalado de Nueva York, el presidente —y casi único miembro activo— de una minúscula unión pacifista recibe la visita de un elegantísimo desconocido que confunde su organización con una red terrorista y le propone sumarse a…
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En un piso destartalado de Nueva York, el presidente —y casi único miembro activo— de una minúscula unión pacifista recibe la visita de un elegantísimo desconocido que confunde su organización con una red terrorista y le propone sumarse a una gran coalición de grupos violentos, arrancando un enredo entre espionaje de salón, vigilancia policial rutinaria y vida doméstica desastrosa.
La novela se narra en primera persona por J. Eugene Raxford, líder de la Unión para la Independencia de los Ciudadanos, un colectivo pacifista nacido durante la guerra de Corea y reducido, tras años de deserciones y purgas internas, a diecisiete miembros nominales. Mientras lucha contra un mimeógrafo averiado, Raxford recibe la visita de Mortimer Eustaly, un hombre de una elegancia teatral que confunde deliberadamente su modesta organización pacifista con un grupo terrorista y le invita a una reunión nocturna donde once agrupaciones violentas y dispares —desde milicias nacionalistas hasta sociedades separatistas— planean coordinar sus métodos, aunque no sus fines. Raxford, entre la incredulidad y la curiosidad, acepta más por deshacerse del visitante que por convicción. La trama se despliega luego como una comedia de vigilancia: dos agentes del FBI, rutinarios y suspicaces, interrogan a Raxford sobre el visitante y llegan a teorizar, erróneamente, que los pacifistas se comunican por lenguaje de signos para burlar sus micrófonos estropeados. La irrupción de Angela Ten Eyck, hija de un magnate armamentístico convertida en pacifista de vida acomodada y cabeza hueca, añade una capa doméstica y romántica al relato, además de presionar moralmente a Raxford para que actúe ante la posible amenaza que representa Eustaly. El tono general combina la sátira política con el humor costumbrista: los servicios de inteligencia aparecen como burocracias torpes y paranoicas, los idealismos pacifistas se muestran erosionados por la rutina y las bajas pasiones, y el protagonista narra todo ello con una ironía autoconsciente que desconfía tanto de los fanáticos violentos como de sus propios vigilantes. El arranque deja planteado el enigma central: qué busca realmente Eustaly al reunir a organizaciones tan opuestas entre sí, y qué papel, voluntario o no, jugará Raxford en ese plan.
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