Barcelona, 23 de diciembre de 1955. Un tren llega a la estación de Francia con Antonio Santos a bordo, un joven de veintiséis años que viaja desde Sevilla para encontrarse con Claudina Torres, una muchacha de dieciocho años.
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Barcelona, 23 de diciembre de 1955. Un tren llega a la estación de Francia con Antonio Santos a bordo, un joven de veintiséis años que viaja desde Sevilla para encontrarse con Claudina Torres, una muchacha de dieciocho años. Se han visto solo una vez, pero han intercambiado casi seiscientas cartas en más de un año donde Antonio ha desnudado su alma. En la andana, bajo el cartel que anuncia «Barcelona», ocurre ese primer encuentro que marca el inicio de una historia de amor destinada a generar una familia, una vida. Décadas después, su hija novelista escribe sobre ese viaje transformador, la memoria, el amor que transforma todo y la ausencia desde donde brota la literatura.
Et veig es una historia de amor sin ficción escrita por una novelista. Comienza el 23 de diciembre de 1955 en la estación de Francia de Barcelona, donde llega un tren de Sevilla tras veintiséis horas de viaje. Desciende Antonio Santos, un joven andaluz de veintiséis años que trabaja en un banco sevillano. Ha abandonado sus antiguos sueños de poeta y novelista, pero ahora viaja impulsado por una ilusión nueva: reencontrarse con Claudina Torres, una muchacha de dieciocho años nacida en Barcelona.
Los dos se conocieron en una ocasión única de apenas siete horas, pero esa breve reunión encendió una correspondencia apasionada que ha durado más de un año. Han intercambiado casi seiscientas cartas donde Antonio ha confesado sus secretos más profundos, sus intimidades, sus sueños. Su propósito es serio: conquistar a la familia de ella, especialmente al padre, para poder casarse.
En la andana de la estación, bajo el cartel que anuncia «Barcelona», ocurre el encuentro tan esperado. Claudina lo espera con un abrigo tostado y los cabellos rubios recogidos en una cola, tal como él pidió. Su expresión es seria, su andar lento y cuidadoso. No se dan la mano ni hay beso de bienvenida, pero en ese instante queda clara la certeza del amor. Meses después, Antonio le escribirá: «Cierro los ojos y te veo caminando lentamente por la andana, tan seria, tan bonita, tan mía».
Esta historia de amor es también la historia del origen de una familia, de un universo. El narrador se revela finalmente como la hija de ambos, nacida el 8 de abril de 1970. Solo compartieron veinte años y medio juntos; el padre murió a los sesenta y un años en un infarto fulminante. La autora escribe movida por las décadas de ausencia posterior, ese territorio donde el padre no existe pero continúa transformando la vida a través del amor legado.