Este ensayo analiza cómo el discurso falangista construyó la identidad nacional española mediante la oposición entre virilidad y afeminamiento. Durante la posguerra franquista, la Falange proyectó una España nueva, fuerte y regenerada,…
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Este ensayo analiza cómo el discurso falangista construyó la identidad nacional española mediante la oposición entre virilidad y afeminamiento. Durante la posguerra franquista, la Falange proyectó una España nueva, fuerte y regenerada, frente a la decadencia liberal anterior. El libro examina cómo la virilidad operó no solo como ideal político sino como herramienta de significación que estructuró la cosmovisión nacionalista, revelando el papel fundamental del género en la organización del poder político y la construcción nacional.
«La nación viril» es una investigación exhaustiva sobre cómo la ideología falangista utilizó el concepto de virilidad como eje central en la construcción de la identidad nacional española durante los primeros años del franquismo. A través del análisis de editoriales y textos políticos de la posguerra, el libro demuestra cómo la retórica fascista española estructuró su proyecto de regeneración nacional mediante una oposición fundamental: una España viril, fuerte, austera y jerárquica, frente a una antiEspaña liberal imaginada como blanda, efectista, ondulada y frívola. La autora argumenta que la virilidad no fue un concepto marginal en el pensamiento falangista, sino el punto nodal que vertebró toda su cosmovisión política. Se trataba de una virilidad que combinaba dos elementos complementarios: el ímpetu, la decisión, el arrojo y la fuerza, por un lado, y la austeridad, el autocontrol, la sobriedad y la gravedad, por otro. Esta «justa medida» rechazaba tanto la debilidad como el exceso descontrolado, configurándose como un ideal normativo que debería guiar la acción política. El análisis vincula este discurso de la virilidad regeneradora con la tradición regeneracionista española de finales del diecinueve e inicios del veinte, especialmente tras el desastre del 98. Los falangistas se reivindicaban como herederos de esa actitud crítica que caracterizaba al regeneracionismo clásico, aunque replanteado en clave totalitaria y antiliberal. El libro examina cómo el género funcionó como potente herramienta de significación política capaz de organizar toda la realidad social, desplegándose a través de ámbitos diversos, desde la estética hasta la configuración de símbolos nacionales.