En la sofocante noche de Chicago, un periodista caído en desgracia tropieza con un portón de cristal, una mujer tendida y un animal que gruñe protegiéndola. Hay sangre en el vestíbulo, hay misterio.
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En la sofocante noche de Chicago, un periodista caído en desgracia tropieza con un portón de cristal, una mujer tendida y un animal que gruñe protegiéndola. Hay sangre en el vestíbulo, hay misterio. La búsqueda de la verdad comienza donde la decencia termina, en los rincones oscuros de una ciudad que devora a sus hombres.
La Chicago nocturna respira con aliento viciado y acre. Bajo farolas que tiemblan como ojos vigilantes, la noche transcurre lenta y pegajosa, cargada de secretos, sudor y licor derramado. Aquí viven los olvidados: quienes duermen sobre bancos públicos con los zapatos anudados para que no les roben, quienes han perdido todo excepto su sed.
Sweeney es uno de ellos. Periodista caído, tres cuartas partes borracho, completamente solo, deambula por aceras mojadas con un sombrero pisoteado y un traje impregnado de suciedad. Su cuerpo es un mapa de degradación, su aliento mezcla de licor barato y desesperación. Solo necesita otro trago para sentirse humano.
Pero esta noche, caminando sin rumbo por la State Street, Sweeney tropieza con algo que lo devuelve a un mundo que creyó abandonado: el pulso frío de un crimen reciente. Una multitud silenciosa se reúne ante un portal de cristal. Adentro, bajo la luz pálida que penetra el vestíbulo oscuro, yace una mujer. Piel blanca, cabellera rubia como cascada, viste un elegante traje de noche de seda sin hombreras. Pero hay sangre. Hay algo perturbador en ese lujo incongruente.
Y protegiendo el cuerpo inerte, con dientes desnudos y ojos amarillos centelleando de furia primitiva, está el perro. No es un animal corriente: es guardián de secretos, bestia dispuesta a morir protegiendo lo que ama. Sus gruñidos llenan la noche como el sonido del infierno.
Cuando la policía llega con uniformes azules y linternas cortantes, cuando los oficiales quedan atrapados entre compasión y deber, Sweeney comprende que se halla en el umbral de algo mayor que su propia ruina. Una mujer, un misterio, una noche que podría transformarlo todo.
En las sombras de la Chicago criminal, donde la bebida corre como agua y los crímenes nacen en rincones invisibles, una búsqueda comienza. Y Sweeney, caído pero no vencido, descubrirá que aún existe un destello de propósito en su corazón destrozado.
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