San Petersburgo, febrero de 1917. Artur, joven bibliotecario, vuelve a casa y encuentra la silla de ruedas de su prima destrozada y sangre en el salón: la policía secreta se ha llevado a su familia.
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San Petersburgo, febrero de 1917. Artur, joven bibliotecario, vuelve a casa y encuentra la silla de ruedas de su prima destrozada y sangre en el salón: la policía secreta se ha llevado a su familia. Un amigo falsificador lo empuja a huir en un barco cargado de refugiados rumbo a Alemania, con documentos falsos y una caja lacrada que no debe abrir. Entre el duelo, la sospecha y la niebla del Báltico, empieza un viaje hacia la ciudad de los libros y hacia la mujer que dejó atrás.
Narrada desde el futuro por un hombre que promete quemar las páginas en cuanto termine de escribirlas, la novela arranca en el invierno en que el imperio ruso se desmorona. Artur Kalinin trabaja en la Biblioteca Imperial y ordena, en su tiempo libre, la enorme colección privada de su tío: un laberinto de estanterías en el ala oeste de un palacio junto al canal de Catalina. Allí cree ver todavía a Mara, la joven que se marchó tres años antes y cuyo recuerdo lo recorre como una corriente de aire.
Una tarde de febrero de 1917, mientras las barricadas arden sobre el Nevá y las turbas saquean las casas señoriales, Artur regresa a un palacio vacío. La silla de ruedas de su prima Ofeliya está volcada, con los radios pisoteados; en el gran salón hay sangre. Su amigo Spiridon —anticuario de falsedades exquisitas y falsificador de documentos en un taller subterráneo— llega con la noticia: la Ojrana ha estado allí, y con los enemigos del zar no hay juicio ni supervivientes. Artur se niega a aceptarlo sin pruebas; Spiridon decide por él.
El bibliotecario despierta en la bodega de un vapor sobrecargado, el Saltan, entre familias arruinadas, niños que lloran y desconocidos que ya intentan robarle el abrigo. En la maleta encuentra ropa ajena, papeles falsos que lo convierten en hijo de un alemán, su ejemplar de El Kalevala, la paleta de pintar que Mara le dejó al despedirse y una caja de cartón sellada con lacre: un manuscrito clandestino que debe entregar en Leipzig a un tal Iván Ivánovich Petrov. Ni siquiera sabe qué contiene, más allá de un título inquietante.
Rumbo a la ciudad de los libros, con los submarinos acechando bajo el Báltico y una figura sin rostro fumando en cubierta, Artur comprende que el pasaje que le han pagado tiene un precio. Novela de duelo, exilio y libros peligrosos, construida sobre la culpa de quien sobrevive y sobre la sospecha de que ningún viaje es del todo propio: la historia se lee a la vez como un thriller de época y como una confesión escrita para arder.