En el Teatro Unicornio de Londres, los bastidores respiran intriga. Bajo las luces de escena, germina una red de secretos entre actores que compiten por papeles, un empresario manipulador cuyo pasado turbio lo acecha, y amores retorcidos…
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En el Teatro Unicornio de Londres, los bastidores respiran intriga. Bajo las luces de escena, germina una red de secretos entre actores que compiten por papeles, un empresario manipulador cuyo pasado turbio lo acecha, y amores retorcidos en celos. Una escena teatral donde un revólver dispara con proyectiles de fogueo se convertirá en epicentro de un crimen real que traerá al inspector Alleyn a investigar dónde termina la ficción y comienza la verdad mortal.
Una noche de junio envuelve al Teatro Unicornio en la atmósfera particular de los secretos teatrales. Los bastidores huelen a pintura, trementina y tensión. La compañía que monta «La Rata y el Castor» vive bajo una coreografía de ambiciones cruzadas, pasiones contenidas y resentimientos que hierven bajo la superficie.
Jacob Saint, empresario teatral acostumbrado al poder absoluto, ignora que alguien conoce las grietas de su pasado, los pagos silenciosos que hizo, los secretos que lo mantienen despierto. Su sobrino Arthur Surbonadier—actor aspirante y deudor de oportunidades que nunca le pertenecieron del todo—posee información capaz de destruir imperios construidos sobre reputación.
En los camarines, entre maquillaje y trajes de época, los afectos se entrelazan peligrosamente. Stephanie Vaughan, la primera actriz, ejecuta con precisión sus movimientos emocionales. Félix Gardener, galán de la función, despierta en ella emociones genuinas, pero Arthur no acepta el rechazo. Su obsesión toma tonos cada vez más sombríos.
En el acto tercero, bajo miradas del público, ocurre la escena esperada: Félix dispara a quemarropa. El proyectil es de fogueo, controlado, seguro. El revólver que empuña es reliquia de guerra demasiado precioso para riesgos, nunca debería mancharse con sangre de verdad. Pero en el teatro, como en la vida, los guiones pueden alterarse.
Cuando el inspector Alleyn entra esa noche, no sabe que traspasa el umbral hacia uno de sus casos más laberínticos. Lo que promete entretenimiento termina siendo investigación, donde cada actor vive papeles más allá del escenario, donde las mentiras son tan cuidadosamente ensayadas como los diálogos de la obra.
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