Thriller policíaco que arranca por el final: la inspectora de Homicidios Olaya Navarro despierta encerrada en un cubículo oscuro, herida y a oscuras, sabiendo que la persona a la que llevaba semanas persiguiendo la ha capturado primero.
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Thriller policíaco que arranca por el final: la inspectora de Homicidios Olaya Navarro despierta encerrada en un cubículo oscuro, herida y a oscuras, sabiendo que la persona a la que llevaba semanas persiguiendo la ha capturado primero. A partir de ahí la novela retrocede unas semanas para reconstruir cómo una investigadora brillante, intuitiva y demasiado obstinada terminó convertida en la siguiente pieza de una venganza planificada durante décadas.
Hay una pregunta que abre y cierra esta novela, y que su protagonista escucha en el peor momento posible: ¿estás preparada para morir? Quien la formula no espera respuesta. Quien la recibe es Olaya Navarro, inspectora de Homicidios, primera de su promoción, respetada por su equipo, y ahora inmovilizada sobre un lecho de paja en un habitáculo tan estrecho que puede rozar el techo con los dedos. Tiene un hombro dislocado, una pierna inutilizada y la certeza de que otras mujeres estuvieron encerradas ahí antes que ella. En esa oscuridad no repasa pistas: repasa su vida. El padre con el que discutió y al que ya no podrá pedir perdón, el hombre al que quizá no le dijo suficientes veces que lo amaba, la familia que quería formar y los treinta y cuatro años que no llegará a cumplir.
Desde ese punto de partida, la narración retrocede unas semanas y devuelve a Olaya a una mañana cualquiera: su día libre, el piso de Marcos, el abogado del que se enamoró contra todo pronóstico, la moto con la que cruza la ciudad, la vecina anciana que sospecha del bloque de enfrente. La llamada de un compañero interrumpe el descanso y la lleva a una oficina donde la rutina de Homicidios se sostiene sobre tres temperamentos muy distintos: Muñoz, impulsivo, seductor y excelente policía a pesar de sí mismo; Vidal, el veterano de carácter apacible que ejerce de padre y de mediador; y la inspectora jefa Soledad Valle, que reparte órdenes que no siempre ha elegido. Ese día se incorpora una cuarta pieza incómoda: Belén Expósito, una novata recién llegada cuyo apellido despierta suspicacias y cuya presencia responde a decisiones tomadas muy por encima del departamento.
En paralelo, y en capítulos que alternan con la investigación, la novela cede la voz al asesino. Su relato no busca misterio, sino incomodidad: reconstruye una infancia de burlas, humillaciones colectivas y castigos domésticos, el descubrimiento adolescente del dolor como forma de alivio, y la decisión de sobrevivir con un único propósito. Cada crimen es un ajuste de cuentas contra una persona concreta del pasado, ejecutado con método, con paciencia y con la voluntad expresa de que la víctima sepa, antes del final, quién ha venido a cobrarse la deuda. Son pasajes de violencia explícita, con agresión sexual y ensañamiento, escritos para que el lector entienda que aquí no hay un enigma abstracto: hay un patrón, un rencor y una lista.
La investigación avanza sobre víctimas que nunca aparecen con vida y sobre una escena del crimen que apenas concede pistas. Olaya encuentra un hilo del que tirar y comete el error que da sentido a todo el libro: tira demasiado fuerte, subestima a quien tiene enfrente y se guarda sus sospechas en lugar de compartirlas con el equipo. El acierto que la lleva hasta el asesino es también lo que la entrega a él.
El resultado es una novela negra de ritmo corto y capítulos breves, construida sobre la tensión entre lo que ya sabemos que ocurrirá y lo que aún ignoramos: cómo, por qué y si habrá margen para evitarlo. Interesa tanto por su mecánica de suspense —la cuenta atrás, la doble voz, el rastro de crímenes— como por la vida cotidiana que sostiene a su protagonista: el deseo de mudarse con la pareja, las bromas de oficina, un barrio con sus propias sospechas. Precisamente eso hace que el encierro del prólogo duela: no perseguimos a una inspectora, sino a alguien con planes para la semana siguiente. Por su crudeza, su contenido sexual y su violencia gráfica, es una lectura para público adulto.
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