Cuando el Imperio Romano se retuerce bajo presiones internas y externas, emerge una nueva visión que desafía siglos de interpretación histórica. García Moreno revisa la idea tradicional de decadencia tardoantigua, presentando los años de…
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Cuando el Imperio Romano se retuerce bajo presiones internas y externas, emerge una nueva visión que desafía siglos de interpretación histórica. García Moreno revisa la idea tradicional de decadencia tardoantigua, presentando los años de Diocleciano y Constantino como un momento de restauración radical. En las entrañas del poder imperial, reformas estructurales transforman la administración, la sociedad y la fe, redefiniendo el mundo conocido. Lejos de hundirse, Roma se reinventa en tiempos de turbulencia, cuando el cristianismo y el poder absolutista se abrazan.
Envuelto en la bruma de una historiografía secular que lo etiquetó como decadencia inevitable, el Bajo Imperio Romano emerge aquí redimido de su mala fama. García Moreno nos sumerge en los tiempos turbulentos de finales del siglo III y principios del IV, cuando el mundo romano palpita bajo el peso de enemigos externos y fracturas internas. Es el momento en que Diocleciano y Constantino, dos gigantes de la Historia, ejecutan una transformación radical del Estado: no un colapso, sino una reinvención. El libro desdeña la vieja narrativa de ruina inexorable, heredada desde Gibbon y Montesquieu, que veía en el cristianismo y la monarquía teocrática el veneno mortal de Roma. En cambio, traza una genealogía historiográfica fascinante, desde la crítica decimonónica hasta las relecturas del siglo XX que reconocen la vitalidad de la Antigüedad Tardía. En esas décadas de tensión y reforma, el Imperio no declina: se rediseña. Las estructuras administrativas se reorganizan conforme a nuevas realidades. La sociedad se estratifica de maneras inéditas. La fe cristiana irrumpe en los intersticios del poder, transformando la naturaleza misma del Estado. Diocleciano establece la Tetrarquía, un gobierno compartido que busca dominar el caos. Constantino cristaliza esa visión mediante el cristianismo adoptado, legalizando una religión que antes era perseguida. Ambos actúan sobre un mismo tablero de crisis: la presión de las fronteras, la debilidad demográfica, la necesidad de mantener unido un mundo que amenaza con fragmentarse. Entre reformas coercitivas y nuevas alianzas de poder, entre el viejo orden republicano y el nuevo despotismo ilustrado, toma forma la Antigüedad Tardía.
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