En las entrañas humeantes de la ciudad tras la guerra, donde el boxeo ya no promete redención y las sombras de la mafia se ciernen sobre cada esquina, un pugilista de fortuna quebrada despierta sin memoria en el piso de un automóvil.
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En las entrañas humeantes de la ciudad tras la guerra, donde el boxeo ya no promete redención y las sombras de la mafia se ciernen sobre cada esquina, un pugilista de fortuna quebrada despierta sin memoria en el piso de un automóvil. Golpeado hasta la inconsciencia, ignorante del paradero de sus diez mil dólares robados, Joe Chicago abre los ojos a un mundo que lo declara difunto. Pero entre St. Louis y las calles que conoce como el ring de sus batallas, descubre que estar muerto tiene ventajas cuando alguien quiere que sigas vivo—lo suficiente para descubrir por qué.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en un Chicago cargado de humo y secretos, la ciudad vuelve a ser escenario de luchas que ya no ocurren en el ring. Joe Chicago, exboxeador de promesa marchita, ha sido marcado por fracasos que superan sus limitaciones personales. Su ingenuidad lo llevó a confiar en promesas fáciles: dinero rápido, inversiones mágicas, la ilusión de capital que multiplica. Diez mil dólares que no eran suyos, sino prestados de su anciano padre, su hermana Teresa, y del terrible César Tomasso—un prestamista del barrio que se alimenta de deudas y deja tras de sí leyendas de castigo.
Cuando despierta tendido en el piso de un automóvil, la memoria es un territorio tan confuso como sus heridas. Solo recuerda a una mujer de cabello rojo, los tacones altos sobre su pecho, el acero de su voz. Se llama Eve Hudson. Lo salva de algo que no comprende, lo abandona en la cuneta, y desaparece. Los diez mil dólares han desaparecido con ella.
Pero hay más confusión: la policía cree que Joseph Chicagano murió carbonizado en un accidente de tráfico en Pullman. Periódicos lo anuncian quemado entre vapores de gasolina. Sin embargo, él sigue aquí, respirando, sangrando, recordando. Los fugitivos de St. Louis le enseñan que la muerte declarada es un arma de doble filo. Si está muerto en los ojos de la ley, ¿quién lo matará? Pero también: si está muerto, ¿quién lo protege?
Debe regresar a Chicago. Debe encontrar a Albert Braden, quien sabe dónde están sus diez mil dólares. Debe descubrir por qué lo golpearon, quién lo marcó para desaparecer, y por qué Eve Hudson tomó la molestia de salvarlo. Cada pregunta lo acerca más a gente que tiene el hábito de terminar muerta, cada respuesta lo coloca en el centro de un crimen que cree no haber cometido. La policía lo buscará. Sus acreedores lo buscarán. Y algo más oscuro, más antiguo, más hambriento, también lo buscará.
En una novela donde la torpeza y la terquedad son las únicas virtudes que posee un hombre, donde los puños ya no sirven contra enemigos invisibles, Joe Chicago descubre que lo único que le queda es recuperar lo que es suyo—sin importar cuántos cadáveres deba dejar atrás.