Memoria en primera persona de un colaborador español de los servicios de inteligencia, que reconstruye desde dentro el oficio de recoger información: cómo se capta a un informador, cómo se sostiene una red de fuentes humanas y qué queda…
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Memoria en primera persona de un colaborador español de los servicios de inteligencia, que reconstruye desde dentro el oficio de recoger información: cómo se capta a un informador, cómo se sostiene una red de fuentes humanas y qué queda del mito cuando el trabajo se mide en llamadas sin respuesta, viajes incómodos y sobres de fondos reservados. Entre las Chafarinas y Bangkok, David R. Vidal enlaza episodios de tráfico de personas, documentación falsificada, ingeniería social e intrusión informática para explicar por qué la inteligencia es, sobre todo, un método de conocer.
Hay un lugar intermedio entre el relato de espionaje y el manual técnico, y este libro se instala justo ahí. David R. Vidal escribe desde la experiencia de quien pasó años facilitando información a servicios policiales y, más tarde, al Centro Nacional de Inteligencia, y elige contarlo en primera persona, sin la solemnidad habitual del género. El resultado es un diario discontinuo, hecho de escenas fechadas y situadas, donde el trabajo aparece tal como se vive: esperando un correo que no llega, atando cabos entre una noticia de última hora y el silencio de una fuente, decidiendo qué merece un informe y qué no.
El recorrido arranca en mayo de 2012, cuando una patera alcanza por primera vez las islas Chafarinas y el autor reconoce en esa maniobra la firma de un traficante conocido de la costa marroquí. A partir de ahí, la reconstrucción del viaje —el garante que custodia el dinero en un locutorio de Nador, la casa franca a las afueras, la llamada que confirma dónde están las patrulleras— funciona como una lección práctica sobre cómo se organiza el tráfico de seres humanos y sobre qué tipo de dato convierte una sospecha en información útil. El salto atrás a Bangkok, en 1996, cambia de escenario pero no de lógica: la búsqueda de una organización capaz de fabricar pasaportes indistinguibles de los auténticos, el problema elemental del idioma resuelto sobre la marcha, la constatación de que un documento falso vale exactamente lo que valga la red que lo distribuye.
El capítulo dedicado a la captación es quizá el más revelador, porque desmonta la parte más mitificada del oficio. La primera cita ocurre en un bar de tortillas de patata, con una prenda roja como contraseña que el autor olvida llevar, y con dos hombres en la barra a los que identifica antes de que ellos lo identifiquen a él. De esa escena casi cómica salen las reglas que ordenan el resto del libro: la diferencia entre informador y colaborador, la estabilidad de la relación con el Centro frente a la volatilidad de los compromisos policiales sujetos a relevos políticos, y un consejo que el autor asume literalmente —antes de actuar, pensar en uno mismo, porque nadie vendrá a sacarte de un problema.
El material se amplía hacia la infiltración en grupos radicales, la seguridad informática y el uso de troyanos, el arte del engaño y la obtención de datos mediante ingeniería social, además de las estafas económicas y la presencia de servicios extranjeros. Los dos prólogos, firmados por Larry N. Holifield y Robert D. Steele, empujan en una dirección complementaria: la de entender la inteligencia como un bien de uso general, más cercana al análisis riguroso de fuentes abiertas que al secreto, y útil tanto para un gobierno como para una empresa o un ciudadano. Vidal advierte en las primeras páginas que ha alterado nombres y localizaciones para proteger fuentes y métodos, y esa cautela recorre todo el volumen: lo que se cuenta está contado, lo que no puede contarse queda explícitamente fuera.
Publicado por Timun Mas en 2014, el libro se lee con la fluidez de un conjunto de anécdotas y deja, debajo, un argumento sostenido: que la información fiable es materia prima de decisiones, que casi todo lo relevante puede obtenerse por vías directas y de bajo riesgo, y que el oficio depende menos de la audacia que de la paciencia, el criterio y la confianza —difícil de ganar, fácil de perder.
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