Daniel, estudiante de Filología, carga aún con el dolor de la muerte de su madre. Su mundo gira en torno a la melancolía y la reflexión sobre la mortalidad.
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Daniel, estudiante de Filología, carga aún con el dolor de la muerte de su madre. Su mundo gira en torno a la melancolía y la reflexión sobre la mortalidad. Una tarde, en la soledad de la biblioteca universitaria, un misterioso hombre trajeado irrumpe en su vida para revelarle una verdad inquietante: ha sido elegido como recolector de almas, bendecido por la Muerte misma para servir a fuerzas que desconoce y teme.
Daniel es un joven estudiante de Filología en la Universidad Complutense de Madrid que vive sumido en una profunda melancolía. Hace apenas seis meses que su madre, aquella mujer cuya bondad la condenó al sufrimiento, decidió abandonar la vida ingiriendo antidepresivos. Aunque había anticipado ese momento durante años, presenciando su lenta degradación física y psíquica, nada lo preparó para el impacto devastador de su ausencia.
Atrapado entre el mundo de los vivos y un pozo emocional casi insondable, Daniel se desenvuelve día a día con la frialdad de quien ha visto demasiado. Su refugio es la reflexión, el pensamiento profundo sobre temas que nadie a su edad debería contemplar: la vida, la muerte, el sentido de la existencia. Una tarde cualquiera, mientras intenta terminar un ensayo filosófico en la biblioteca de la facultad, Daniel se ve sorprendido por la presencia de un extraño individuo. Vestido como si perteneciera a otro siglo, con bombín, bastón y un aire de autoridad perturbadora, el hombre se acerca con paso seguro.
Lo que comienza como un encuentro inquietante se transforma en un momento de revelación cuando el misterioso visitante pronuncia palabras que cambiarán para siempre la existencia de Daniel. No es un personaje ordinario: es la Muerte misma, manifestada en forma humana, quien ha estado observándolo durante largo tiempo, esperando el preciso instante en que su alma alcanzara la suficiente madurez y oscuridad para cumplir una función terrible y fundamental.
La Muerte le ofrece una bendición envenenada: convertirse en su recolector de almas, un servidor que trabajará en las sombras para cosechar existencias conforme llegue su hora. Lo que Daniel no imagina es que este encuentro casual marcará el comienzo de un viaje sin retorno hacia las profundidades de su propia naturaleza, donde la línea entre víctima y verdugo se difumina, y donde el dolor que carga consigo puede transformarse en un arma de poder inimaginable.