En una Bogotá fría y crispada de finales de los noventa, el director de un periódico descubre que un proyecto de ley tramitado a la carrera en el Congreso —la llamada Comisión de Desarrollo Internacional— podría entregar la elección del…
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En una Bogotá fría y crispada de finales de los noventa, el director de un periódico descubre que un proyecto de ley tramitado a la carrera en el Congreso —la llamada Comisión de Desarrollo Internacional— podría entregar la elección del próximo presidente a un puñado de inversionistas y parlamentarios con expedientes judiciales abiertos. Cuando el reportero al que encargó recoger la lista de implicados aparece asesinado en plena calle, despojado de una carpeta de documentos, la investigación deja de ser un trabajo periodístico y se vuelve una cuestión de supervivencia. De Última Hora es una novela breve y tensa sobre el costo personal de publicar la verdad en un país donde la impunidad es la regla.
Todo empieza con una conversación casual. Un miércoles de septiembre, al salir de la redacción, el narrador —director de un diario bogotano— lleva en su carro a Ángela, periodista de televisión, y ella le menciona un proyecto de ley que apenas se cocina en el Congreso: un mecanismo que permitiría a un grupo de industriales y financistas nacionales e internacionales designar a un intermediario capaz de manejar al futuro presidente y sus decisiones. Esa misma noche, revisando los archivos legislativos, el narrador confirma que el proyecto avanza sin debate real y que buena parte de quienes lo respaldan arrastran antecedentes por contrabando, tráfico de armas, sobornos y saqueo del erario.
La noticia tiene apenas horas de vida cuando cobra su primera víctima. Juan Carlos, reportero judicial del diario y pareja de Ángela, recibe el encargo de recoger la lista de implicados; es seguido, golpeado en la vía pública y asesinado por un grupo de hombres que se lleva la carpeta. A partir de ese momento, la novela se despliega como una cadena de reacciones: llamadas nocturnas que nadie quiere responder, autoridades que prometen colaborar y saben más de lo que admiten, teléfonos intervenidos, y una redacción que descubre que ya no informa sobre la noticia, sino que la protagoniza.
Una cita con el senador Espitia en una finca a las afueras de la ciudad promete revelaciones y termina en emboscada: ráfagas en la oscuridad, una huida a campo traviesa entre matorrales y lodo, un fotógrafo herido y un camarógrafo que salva la cinta pero pierde la cámara. La respuesta del diario es la única que le queda: hacerlo público. En una rueda de prensa multitudinaria, los sobrevivientes cuentan lo que saben y reparten el riesgo entre todo el gremio, con la convicción de que una verdad conocida por muchos es más difícil de silenciar que una guardada por cuatro.
Lo que sigue es una investigación que se ramifica más de lo previsto. Órdenes de captura archivadas en escritorios de fiscales cómplices; aviones comerciales que salen con droga y regresan cargados de mercancía robada; una red que recluta jóvenes con promesas de viajes y cursos de idiomas para someterlas a la prostitución en Europa, con el testimonio de una víctima que decide hablar. Al mismo tiempo, la vida cotidiana de los periodistas se estrecha hasta volverse irreconocible: escoltas en la puerta del baño, sufragios y coronas fúnebres acumulándose en el archivo del diario, un contestador saturado de amenazas, la desconfianza como reflejo permanente.
Escrita en primera persona y con el pulso de una crónica escrita a contrarreloj, De Última Hora alterna la acción con pasajes de reflexión sobre el oficio, la corrupción como sistema y la fatiga moral de sociedades acostumbradas a que les jueguen con la vida. El autor advierte desde el prólogo que hechos y personajes son ficticios, aunque construidos sobre historias reales, y dedica el libro a quienes han desaparecido por decir la verdad o por ser distintos. El resultado es un relato que funciona a la vez como thriller periodístico y como alegato por la libertad de prensa: la historia de una redacción que aprende, del peor modo posible, a escribir la noticia sobre sí misma.
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