Un retrato de dos generaciones de dramaturgos unidos por el teatro como acto de resistencia. Nelson, joven actor que idolatra a Henry Núñez, lo conoce en las audiciones para reactivar El presidente idiota, la obra que costó a su autor años…
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Un retrato de dos generaciones de dramaturgos unidos por el teatro como acto de resistencia. Nelson, joven actor que idolatra a Henry Núñez, lo conoce en las audiciones para reactivar El presidente idiota, la obra que costó a su autor años de encarcelamiento durante la guerra. Décadas después, con la paz llegó el olvido, pero la leyenda de Diciembre, la compañía teatral que desafió el toque de queda y el terror, perdura en la memoria de quienes buscaban belleza en la oscuridad.
En la capital de un país desgarrado por la guerra, la compañía de teatro Diciembre surgió como un acto de insurrección disfrazado de arte. Sus miembros improvisaban en almacenes oscuros, recitaban en la oscuridad cuando faltaba electricidad, desafiaban toques de queda y bombardeos transformando el miedo en espectáculo, la desesperación en risa. Entre ellos estaba Henry Núñez, dramaturgo joven cuya obra El presidente idiota le costó más de un año encarcelado en la temida prisión de Recolectores. Allí escribió junto a Rogelio, su compañero de celda y su amor silencioso. Cuando fue liberado, encontró que la guerra continuaba su devastación: el bombardeo que arrasó la cárcel asesinó a Rogelio y a cientos de reclusos que habían interpretado su obra. Henry sobrevivió, pero una parte de él murió con aquellos hombres.
Años después, cuando la paz llegó, el país decidió olvidar. Las ruinas fueron derribadas, las avenidas ampliadas, la Ciudad Vieja restaurada con optimismo turístico. Henry se reinventó: profesor de biología, padre divorciado, taxista de fin de semana. Alejado del teatro, criando a su hija Ana con ternura irónica, parecía haber encontrado paz en la monotonía. Pero en 2001, cuando Diciembre decidió conmemorar su vigésimo aniversario con una reposición de El presidente idiota, Henry no pudo resistirse. Las audiciones reunieron a jóvenes actores deslumbrados, entre ellos Nelson, quien años antes había escuchado por radio la voz de Henry desde la cárcel y decidió ser dramaturgo.
Nelson reconoce a su héroe en las audiciones. Se acerca con admiración genuina, emocionado de conocer al hombre cuya obra lo inspiró. Henry, perdido en recuerdos traumáticos de la prisión, apenas lo registra. Pero en ese encuentro casual entre generaciones convergen todas las preguntas sobre el arte y la política, la resistencia y la supervivencia, el deber de recordar y la tentación de olvidar en tiempos de paz.