Novela de 1925 estructurada como diario fragmentado que alterna historias discontinuas con una narrativa tenue. El narrador recorre su vida desde la infancia en Bujival, Francia, marcada por transformaciones constantes, obsesiones mórbidas…
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Novela de 1925 estructurada como diario fragmentado que alterna historias discontinuas con una narrativa tenue. El narrador recorre su vida desde la infancia en Bujival, Francia, marcada por transformaciones constantes, obsesiones mórbidas y la gestación de un crimen que emerge como consecuencia natural del texto. Una obra que deconstruye genealogías literarias mediante máscaras y seudónimos, cancelando toda teleología moral para presentar solo la entropía de una mente fragmentada y perturbada.
De la elegancia mientras se duerme, novela de Emilio Lascano Tegui publicada en 1925, funciona como un diario fragmentado donde el orden cronológico queda subordinado a la yuxtaposición de historias discontinuas apenas conectadas por una trama nominal. El texto abre con una escena de aparente trivialidad: la manicura de las manos del narrador previo a una noche en el Moulin Rouge. De allí se despliega una cadena de asociaciones y recuerdos que atraviesan la infancia del personaje en Bujival, Francia, cercano al río Sena donde flota la morbidez de cadáveres ahogados. El narrador emerge como arqueólogo de los muertos, hallando prestigio social en su capacidad para descubrir cuerpos. Desde estas primeras páginas se despliega una sensibilidad enfermiza y moralmente perturbadora, donde la belleza se entrelaza con lo repugnante. La transformación constante del personaje, tanto física como psicológica, es impulsada por la literatura: viste como personajes de novelas, cambia de aspecto deliberadamente, rechaza una identidad fija. Este rechazo de la unicidad se acompaña de obsesiones turbias y anómalas. La novela no narra un crimen de modo convencional sino que lo gestiona como consecuencia de contingencias literarias y textuales. El diario es, en realidad, un cuaderno de notas para preparar un acto violento. La obra dialoga con el decadentismo francés de Baudelaire, Rimbaud y Lautremont, pero desarmándolo, resemantizándolo, convirtiéndolo en una máquina textual que produce perplejidad y malestar. Lascano Tegui, figura marginal de su época, escribía para círculos pequeños, rechazando la estrategia literaria de mercado. Su obra permanece como testimonio de cómo la escritura deviene performación de la otredad, cómo el autor puede ausentarse dejando que fuerzas internas del texto hablen mediante voces múltiples y fragmentadas.