Cuarto volumen de 'Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos', de José Guillén, que retoma el proyecto de retratar la existencia cotidiana del pueblo romano allí donde los tomos anteriores dejaron vacíos: el origen y la evolución de la…
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Cuarto volumen de 'Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos', de José Guillén, que retoma el proyecto de retratar la existencia cotidiana del pueblo romano allí donde los tomos anteriores dejaron vacíos: el origen y la evolución de la lengua latina dentro de la familia indoeuropea, la formación de la constitución y las clases sociales de Roma, la condición jurídica de ciudadanos y esclavos, la vida de la mujer romana y los ritos que acompañaban a la muerte y la sucesión.
Este volumen continúa la serie ‘Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos’, que José Guillén concibió para cubrir los aspectos de la vida diaria compartidos por la generalidad de los romanos, dejando de lado gremios particulares y condiciones sociales privativas ya tratadas en tomos previos. El prólogo anuncia el plan del libro: primero, la situación del latín dentro del mundo indoeuropeo y su transformación en las lenguas neolatinas; después, el recorrido constitucional de Roma desde Rómulo y Servio Tulio hasta las XII Tablas, las reformas de Sila y los Gracos, la obra jurídica de Cicerón y la codificación final bajo Teodosio y Justiniano; a continuación, las clases sociales -patricios y plebeyos, senadores y caballeros, profesionales como arquitectos, médicos, agricultores y comerciantes-; luego la condición de las personas libres (ciudadanos, huéspedes, peregrinos, clientes, latinos, libertos) hasta la unificación jurídica lograda con la Constitución de Caracalla en el 212 d. C.; un examen de la esclavitud; un capítulo dedicado a la crianza, educación, matrimonio y reputación de las mujeres romanas, con ejemplos tanto admirables como censurables; y, por último, las costumbres funerarias, los honores tributados a los difuntos y las disposiciones testamentarias sobre bienes y derechos familiares.
El primer capítulo desarrolla en detalle el lugar del latín en el mundo indoeuropeo. Describe primero el mosaico de pueblos itálicos anteriores a Roma -celtas, ligures, vénetos, etruscos, umbros, sabinos, latinos y otros- y el asentamiento paulatino del Lacio, con la fundación tradicional de Roma en el Palatino y las sucesivas etapas de expansión urbana bajo los reyes, hasta la muralla serviana. A partir de ahí, el texto sitúa el latín como lengua derivada del indoeuropeo común, distinta en su historia de la del griego pese a la influencia cultural helénica, y destaca su extraordinaria estabilidad literaria y su proyección posterior en las lenguas romances y en la liturgia de la Iglesia occidental. Se ofrece un catálogo de las principales lenguas indoeuropeas conocidas -indo, iranio, armenio, frigio, tracio, hitita, tocario, griego, albanés, ilirio, itálico, celta, germánico, báltico y eslavo- y se explica la riqueza morfológica original de esta familia lingüística frente a la estabilidad de lenguas como el turco o el árabe. El capítulo concluye examinando rasgos concretos -desinencias verbales, formas de perfecto, tratamiento de las guturales, vocabulario compartido- que permiten situar al latín entre las lenguas periféricas más arcaicas del dominio indoeuropeo, en estrecha relación con el celta, el germánico y, sorprendentemente, con lenguas remotas como el hitita y el tocario, cuyo descubrimiento en el siglo XX vino a esclarecer numerosas particularidades consideradas antes meras irregularidades latinas.
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