Daniel Velón de la Campa, cincuentón salmantino, descubre su propia muerte en una oficina burocrática del más allá. Sin recordar cómo llegó, se encuentra en el Tránsito, donde ángeles y demonios forman un comité para evaluar su vida y…
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Daniel Velón de la Campa, cincuentón salmantino, descubre su propia muerte en una oficina burocrática del más allá. Sin recordar cómo llegó, se encuentra en el Tránsito, donde ángeles y demonios forman un comité para evaluar su vida y decidir su destino final. Entre el absurdo de la burocracia celestial y reflexiones sobre la existencia, comienza un viaje que cuestionará todo lo que creía saber sobre la vida después de la muerte.
Cuando Daniel Velón de la Campa muere en las circunstancias más mundanas —sentado en el baño resolviendo un crucigrama—, se despierta en una sala burocrática del más allá. Un funcionario le informa de su fallecimiento con la frialdad de quien entrega un papel administrativo, mientras le explica que se encuentra en el Tránsito, un lugar equidistante de todos los mundos habitados donde se clasifican y evalúan las almas.
En este purgatorio moderno no hay túneles luminosos ni voces angelicales: solo un complejo administrativo de cientos de plantas, ascensores, pasillos interminables y empleados con la desgana de cualquier oficina terrenal. Daniel descubre que Dios y el Diablo han formado un gobierno de coalición, creando Angemonio, S.L., sociedad gobernada por ángeles y demonios tecnócratas que decidirán colectivamente su destino.
Instalado en una minúscula habitación en la planta cuatrocientos treinta y dos, Daniel enfrenta pruebas y preguntas de un comité que evaluará cada acción de su vida anterior, sus virtudes, defectos, y trato a familia, compañeros y amigos. La nota media de su existencia determinará si viaja hacia la derecha —el Cielo— o hacia la izquierda —el Infierno—.
Así comienza un viaje absurdo y satírico por los misterios de la existencia, donde la burocracia celestial es tan compleja como la terrenal, donde la muerte pierde solemnidad, y donde incluso en el más allá hay cuotas, comités electorales y procesos administrativos. Entre reflexiones teológicas irreverentes y situaciones cómicas, Daniel debe comprender no solo su propia muerte, sino también las estructuras que gobiernan el destino de las almas.