Helen lleva cuatro años como la amante de Matthew, su jefe en una agencia de relaciones públicas. Él la visita tres noches a la semana mientras mantiene intacta su vida matrimonial con Sophie y sus dos hijas.
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Helen lleva cuatro años como la amante de Matthew, su jefe en una agencia de relaciones públicas. Él la visita tres noches a la semana mientras mantiene intacta su vida matrimonial con Sophie y sus dos hijas. Lo que comenzó como una aventura impulsiva se ha convertido en rutina paralizante: esperas solitarias, promesas incumplidas y la sensación de estar atrapada en una vida que ella misma abomina. La novela revela cómo Helen, quien juraba despreciar a las mujeres que se envolvían con hombres casados, terminó siendo exactamente eso.
Helen es una mujer de treinta y nueve años que ha pasado gran parte de su vida buscando el amor verdadero y la estabilidad que presenció en sus padres. Tras años de viajes y empleos diversos, ingresa en Global, una agencia de relaciones públicas, como asistente personal de Matthew Shallcross, director de la compañía. Matthew es un hombre atractivo, confiado, de cincuenta y pocos años: el tipo de cincuentón que despierta fantasías en mujeres más jóvenes.
La relación comienza de forma inesperada durante un almuerzo de trabajo en Quo Vadis. Matthew, quien venía pensando en ella desde hace meses, le toma la mano y confiesa su atracción. Aunque sabe que está casado, Helen se deja llevar. Él le promete que dejará a su esposa Sophie cuando llegue el momento, que sus dos hijas son lo único que los mantiene unidos y que su matrimonio es poco más que una convención vacía.
Los primeros meses resultan embriagadores. Matthew la introduce en un mundo sofisticado: vinos caros, comida exótica, música clásica. Helen simula adorar todo esto. Pero cuatro años después, la realidad es muy distinta. Matthew nunca ha dejado a Sophie. La relación se ha convertido en un ciclo agotador: Helen espera en su pequeño departamento de Camden mientras Matthew regresa cada lunes, miércoles y jueves a las ocho en punto para pasar unas pocas horas antes de volver a su verdadero hogar.
El contraste es brutal. Mientras espera, Helen escucha los encuentros sexuales ruidosos de sus vecinos, lo que solo acentúa su soledad. Mira televisión sola, cuenta los días, se pregunta si algo cambiará alguna vez. La novela abre precisamente así: Matthew la abandona cada noche a las ocho para cenar en familia, dejando a Helen con solo la pantalla de un televisor como compañía.
El relato traza también el viaje de Helen antes de Matthew: su relación de cinco años con Simón, de quien esperaba convertirse en esposa, solo para que le anuncie su mudanza a Manchester. Meses después, se entera de que está comprometido con otra. Este fracaso la deja herida e impulsa a abandonar su cautela y aceptar exactamente al tipo de hombre que juró evitar.
La novela es una exploración profunda sobre las contradicciones internas: cómo la gente que más despreciamos termina siendo la que imitamos. Helen odiaba a las mujeres que robaban maridos, pero cuando llega la oportunidad, cede. La historia promete revelar cómo llegó a esta situación y si acaso puede liberarse de Matthew.