Manual práctico de redacción para el ámbito profesional, dirigido a quienes escriben sin ser escritores: informes internos, cartas comerciales, reclamaciones o instrucciones administrativas.
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Manual práctico de redacción para el ámbito profesional, dirigido a quienes escriben sin ser escritores: informes internos, cartas comerciales, reclamaciones o instrucciones administrativas. Parte de una idea sencilla —un texto mal redactado cuesta tiempo, clientes y credibilidad— y propone un método completo que va de la planificación previa a la revisión final, con criterios de lenguaje, estructura y estilo aplicables tanto a la comunicación interna como a la externa.
Casi nadie discute que un periodista o un novelista deba dominar la escritura; en cambio, se asume con naturalidad que en el resto de los oficios redactar es una tarea secundaria. Este libro sostiene lo contrario y lo demuestra con ejemplos cotidianos: la circular interna que obliga a pedir aclaraciones, la carta comercial de tono equivocado que empuja al cliente hacia la competencia, el formulario público tan oscuro que obliga a los funcionarios a explicarlo uno por uno. Escribir bien, argumenta, no es un adorno sino una inversión medible en eficacia y en imagen corporativa.
A partir de esa premisa, la obra despliega un método ordenado. Antes de escribir una sola línea conviene responder cuatro preguntas: qué se pretende conseguir, quién es el destinatario, qué información hace falta y cómo organizarla. De ahí surge un recorrido que pasa por fijar un objetivo principal formulado de modo que pueda evaluarse, trazar el perfil del lector —edad, trayectoria, nivel de conocimiento del asunto, tipo de argumentos al que es sensible—, establecer entre tres y cinco objetivos intermedios y generar material mediante la tormenta de ideas y los mapas de ideas, técnicas que aquí se explican tanto en su versión grupal, con moderador, como en su uso individual. La poda posterior, la agrupación por objetivos y la decisión sobre el orden completan la fase previa. Todo el proceso se sigue a través de un caso continuo: una empresa de calzado que quiere vender su nueva colección a una cadena de zapaterías, con un jefe de compras concreto al otro lado. El lector ve nacer la carta desde la primera pregunta hasta el texto acabado.
El libro repasa después los modos de presentar la información —comparativo, causal, cronológico, resolutivo, inductivo o deductivo, jerárquico, analógico, narrativo— y los formatos de pirámide invertida y romboidal. Un segundo bloque define el registro adecuado, esa lengua estándar situada entre lo culto y lo coloquial, y lo articula en cuatro exigencias: claridad, corrección gramatical, brevedad entendida como densidad, y un trato igualitario y no sexista tratado sin recetas fáciles. La galería final de consejos estilísticos ataca los vicios más frecuentes del texto profesional: la abstracción vaga, las palabras rebuscadas, la jerga sin explicar, los circunloquios y las perífrasis verbales, siempre con pares de ejemplos que muestran el antes y el después. El propósito declarado es que redactar deje de ser una tarea temida y resulte asequible, incluso grata.
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