Cary Elwes, el joven actor de veintitrés años que interpretó a Westley, recuerda desde dentro el rodaje de una película que nadie sabía cómo vender y que acabó convertida en fenómeno generacional.
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Cary Elwes, el joven actor de veintitrés años que interpretó a Westley, recuerda desde dentro el rodaje de una película que nadie sabía cómo vender y que acabó convertida en fenómeno generacional. Entre la llamada que lo sacó de un set en Berlín y la reunión del vigésimo quinto aniversario en el Lincoln Center, reconstruye los cuatro meses de filmación en Londres y el Distrito de los Picos, las voces de sus compañeros de reparto y el largo camino que llevó la novela de William Goldman de guion maldito a clásico querido.
Hay historias que tardan quince años en encontrar quien se atreva con ellas. Este libro cuenta una de esas: cómo una novela considerada imposible de adaptar, rebotada de estudio en estudio y catalogada entre los mejores guiones jamás producidos, terminó siendo rodada con presupuesto modesto y un reparto que aún no sabía lo que tenía entre manos.
Quien lo narra estaba en el centro de la escena sin haberlo buscado. Un actor londinense de veintitrés años, con apenas un puñado de películas a la espalda, recibe en su hotel de Berlín una nota que solo dice IMPORTANTE. Al otro lado del teléfono, su agente le anuncia que un director y su socio de producción cruzarán media Europa —en plena inquietud por Chernóbil— para conocerlo. El papel es el del mozo de labranza convertido en pirata de un libro que él mismo había leído y amado a los trece años, prestado por un padrastro admirador del autor.
De ahí en adelante, el relato avanza por los meses de rodaje y por las decisiones que hicieron posible la película: la obstinación de un director que ya había demostrado saber mezclar géneros y que pidió como recompensa filmar su libro favorito; la desconfianza de un novelista escarmentado que había recomprado los derechos de su propia obra para protegerla; la desconcertante pregunta que nadie supo responder en el estreno —¿es una comedia, un romance, una aventura de espadachines, una sátira?—. El autor intercala testimonios de quienes estuvieron allí, que corrigen, matizan o completan su memoria.
La segunda historia es la del después. Un estreno de recaudación discreta, unos meses de dispersión y un renacimiento inesperado a través del vídeo doméstico: familias enteras que la vieron una y otra vez, padres que la pasaron a sus hijos, frases que se volvieron patrimonio común hasta aparecer en camisetas, bodas y proyecciones disfrazadas.
Escrito con gratitud y sin solemnidad, es a la vez una crónica de rodaje, un retrato de compañeros de reparto —algunos ya ausentes— y una reflexión sobre lo que significa quedar unido para siempre a un personaje. Un libro sobre el oficio de contar historias escrito por alguien a quien una historia le cambió la vida.