Un relato en primera persona sobre cómo un miembro de la familia Petràs, herederos de un histórico puesto de setas en el Mercat de la Boqueria de Barcelona, se convirtió en pionero de la venta de insectos comestibles en España.
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Un relato en primera persona sobre cómo un miembro de la familia Petràs, herederos de un histórico puesto de setas en el Mercat de la Boqueria de Barcelona, se convirtió en pionero de la venta de insectos comestibles en España. A partir de un encuentro fortuito con una tarántula asada en la selva amazónica peruana, el autor emprende viajes por Mauritania, México, Tailandia, Japón, Colombia, Estados Unidos y China para conocer tradiciones, mercados y productores de insectos, y termina abriendo en 2003 una tienda especializada en la Boqueria. El libro combina memoria personal, historia familiar, divulgación gastronómica y argumentos nutricionales y medioambientales a favor de la entomofagia.
El libro arranca con una escena que marcará el rumbo de toda una vida: en el verano de 1998, durante un viaje por el Amazonas peruano que termina convertido en una colaboración humanitaria con una comunidad local, al autor le sirven una tarántula asada como gesto de agradecimiento. Ese primer contacto con un artrópodo comestible, narrado con humor y cierto pudor retrospectivo, se convierte en el origen de una pasión que lo llevará a recorrer el mundo en busca de insectos y de las culturas que los cocinan a diario.
A esa anécdota fundacional se suma la genealogía familiar: los Petràs, vendedores de mercado desde la generación del abuelo en Olesa de Montserrat hasta la consolidación del negocio de setas del padre en el Mercat de la Boqueria de Barcelona. Sobre esa base construye el autor, a comienzos de la década de 2000, un proyecto insólito para la época: una tienda dedicada en exclusiva a insectos comestibles, abierta en 2003 junto al puesto familiar y reabierta en 2018 tras varios años de actividad.
El relato alterna la crónica personal con la divulgación: se explica la diferencia entre entomólogo y entomófago, se repasa el vacío legal que existía en Europa antes del Reglamento 2015/2283 sobre nuevos alimentos, y se exponen los argumentos nutricionales y ecológicos —menor huella hídrica, menor necesidad de pienso, mayor porcentaje aprovechable del animal— que sitúan a los insectos como alternativa proteica frente a la ganadería intensiva, con referencias a instituciones como la FAO, la OMS y a proyectos de investigación gastronómica como el Nordic Food Lab.
El núcleo del libro, sin embargo, es el viaje: una plaga de langostas en el desierto de Mauritania que actúa como verdadero flechazo con el mundo entomófago; una inmersión en los mercados y la tradición prehispánica de México, con chapulines, gusanos de maguey, escamoles y jumiles; la exploración de Tailandia como paraíso del insecto callejero, desde el mercado de Klong Toey hasta restaurantes de autor que incorporan insectos a la alta cocina; el consumo ritual y minoritario de inago y hachinoko en Japón, con su curioso festival de avisperos; la fiesta de las hormigas culonas en la región colombiana de Santander; el despegue del insecto comestible como tendencia gastronómica en Estados Unidos, de restaurantes de Los Ángeles a festivales en Brooklyn; y la llegada a China en busca de escorpiones, con anécdotas tan insólitas como una fuga de cientos de ellos en un tren.
Más que un recetario, el libro funciona como una memoria de descubrimiento y como un alegato en favor de ampliar el paladar occidental, tendiendo un puente entre la curiosidad viajera, la tradición familiar de mercado y la reflexión sobre sostenibilidad alimentaria.