Recetario de cocina cotidiana firmado por la creadora de contenidos conocida como Anna Recetas Fáciles, que traslada al papel el estilo que la hizo popular: explicaciones claras, pasos contados y platos que salen a la primera.
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Recetario de cocina cotidiana firmado por la creadora de contenidos conocida como Anna Recetas Fáciles, que traslada al papel el estilo que la hizo popular: explicaciones claras, pasos contados y platos que salen a la primera. Reúne entrantes, arroces, legumbres, pastas y pasteles salados pensados para el día a día, con ingredientes accesibles y consejos para adaptar cada elaboración. Un libro para quien empieza y también para quien ya se maneja y busca ideas rápidas con las que resolver la mesa.
Hay recetarios que se leen y recetarios que se usan. Este pertenece claramente al segundo grupo: nace de una cocina doméstica real, la de una autora que se dio a conocer explicando platos en vídeo y en su blog, y que aquí ordena por primera vez en formato libro aquello que mejor funciona ante los fogones.
La propuesta se articula en bloques reconocibles. Los entrantes y picoteos abren el recorrido con clásicos que nunca fallan —empanadillas rellenas, croquetas, tigres, huevos rellenos, patatas gratinadas, pasteles fríos de pan de molde— junto a masas caseras de raíz mediterránea como la coca de recapte o los panadons, y soluciones inmediatas del tipo sincronizadas, pizzas o croque monsieur. Los primeros platos amplían el registro hacia la cuchara y el fondo de despensa: legumbres guisadas con pescado o con embutido, cremas de verdura, sopas levantadas con un caldo hecho en casa, arroces de fiesta y de aprovechamiento, patatas guisadas, pastas gratinadas y lasañas de verdura.
El criterio de selección es explícito y recorre todo el volumen: recetas sencillas, económicas, con ingredientes fáciles de encontrar y probadas de antemano, resueltas en pocos pasos. Cada elaboración se acompaña de un apartado de consejos donde la autora sugiere sustituciones, versiones al horno en lugar de fritas, opciones más ligeras, trucos de congelación o alternativas para quien quiera ajustar el picante, la grasa o el tiempo. Esa insistencia en la variación es, de hecho, la idea central: las recetas se plantean como bases combinables —cambiar un relleno por otro, sustituir la pasta por legumbre, una verdura por otra— de modo que un recetario breve se multiplica en manos de quien cocina.
El tono es cercano y directo, sin tecnicismos ni exigencias de equipamiento. La autora dedica el libro a su familia y a quienes la siguen, y lo concibe como el recetario que le gustaría dejar en herencia: unas páginas finales quedan en blanco para que cada lector anote sus propios platos y trucos. Es un libro que aspira a mancharse sobre la encimera, y que encuentra su sentido justamente ahí.
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