Una periodista investiga durante años un experimento secreto del Proyecto Manhattan en el que dieciocho personas recibieron inyecciones de plutonio sin consentimiento entre 1945 y 1947.
Descargar
Una periodista investiga durante años un experimento secreto del Proyecto Manhattan en el que dieciocho personas recibieron inyecciones de plutonio sin consentimiento entre 1945 y 1947. Tras un arduo trabajo de búsqueda en archivos desclasificados, logra identificar a uno de los pacientes: Elmer Allen, un afroamericano de Texas cuya vida fue destrozada por esta práctica médica clandestina. El viaje a la pequeña localidad de Italy marca el inicio de transformar números anónimos en historias humanas de sufrimiento.
Durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial y los primeros de la Guerra Fría, el Proyecto Manhattan llevó a cabo un experimento médico que permanecería clasificado durante medio siglo: la inyección de plutonio en dieciocho pacientes desprevenidos, dispersos en hospitales de todo Estados Unidos. Sin consentimiento informado, sin conocimiento de lo que les inyectaban, estas personas se convirtieron en instrumentos científicos para estudiar cómo el plutonio se deposita en el cuerpo humano.
Una periodista que trabajaba en un pequeño periódico de Nuevo México descubrió por casualidad referencias a estos experimentos mientras revisaba documentos técnicos sobre residuos radiactivos. Lo que comenzó como curiosidad por animales con cadáveres radiactivos se transformó en una investigación obsesiva que la llevaría a perseguir la identidad de los pacientes durante años, enfrentándose a la opacidad burocrática y a documentos intencionalmente redactados por agencias federales.
La verdadera revelación llegó en 1992, cuando hojeaba viejos papeles archivados y encontró dos palabras olvidadas por los censores: una mención a un médico en Italy, Texas. Esa pista condujo a Elmer Allen, un afroamericano que recibió la inyección de plutonio en 1947 en San Francisco y luego fue amputado. Su caso no era aislado: otros pacientes como Albert Stevens, John Mousso, Eda Schultz y Fred Sours corrieron destinos similares, vidas enteras consumidas por enfermedades causadas por un experimento realizado en nombre de la seguridad nacional.
El viaje a la pequeña localidad de Italy, Texas, marca el quiebre emocional de la investigación. Allí descubre que lo que para el Gobierno era simplemente CAL-3, un número de código, era un hombre que adecentaba ladrillos, reparaba sillas, remendaba zapatos y araba la tierra. La transformación de números anónimos en seres humanos con nombres, familias y dolor expone no solo los crímenes científicos, sino también la resistencia silenciosa de quienes fueron sus víctimas.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.