May Serrano parte de una experiencia propia —un retraso menstrual a los 45 años que desató miedo, desinformación y una búsqueda desesperada en internet— para desmontar el relato heredado sobre la menopausia.
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May Serrano parte de una experiencia propia —un retraso menstrual a los 45 años que desató miedo, desinformación y una búsqueda desesperada en internet— para desmontar el relato heredado sobre la menopausia. Con humor directo y tono confesional, distingue entre menopausia (la última regla) y climaterio (la etapa completa de transición) y propone vivir esos años como una fase más de la vida de las mujeres: una con voz, cuerpo y decisiones propias, y no como un catálogo de pérdidas y diagnósticos.
El libro arranca con una escena reconocible: la regla que no llega, la sospecha de embarazo, la consulta médica que responde «es normal» y una lista interminable de síntomas encontrados en buscadores que parece conducir, sin escalas, al deterioro y la muerte. Desde ahí, la autora reconstruye cuatro años de investigación personal y colectiva sobre lo que le ocurre al cuerpo de las mujeres a partir de los cuarenta y tantos.
La tesis central es una corrección de vocabulario con consecuencias profundas: la menopausia es solo la última menstruación —confirmada trece meses después—, mientras que el climaterio abarca los años previos y posteriores. Nombrar esa etapa, sostiene el texto, es condición para habitarla. La comparación es elocuente: sería absurdo reducir toda la adolescencia a la primera regla, y sin embargo eso es exactamente lo que se hace con la madurez femenina.
El recorrido combina registros. Hay revisión crítica de definiciones —diccionario, enciclopedias en línea— para mostrar cómo el lenguaje médico describe estos años como una acumulación de incapacidades y reduce el cuerpo a su función reproductiva. Hay memoria personal: la primera menstruación vivida en secreto, el primer tampón y el primer espejo, los tampones escondidos como bocadillos, tres meses sin regla durante un año en el extranjero. Y hay una lectura social del reparto de cuidados, del trabajo doméstico invisible y de la culpa que aparece cuando una mujer decide, por primera vez, elegirse a sí misma.
De ese cruce surge la propuesta: entender el climaterio como el paso de una vida cíclica a una vida en continuo, y como una oportunidad de revisión de cargas, prioridades y mandatos heredados. El libro no ofrece un método cerrado sino una invitación abierta, con ejercicios, reflexiones y trucos compartidos por otras mujeres, pensada para leerse con lápiz en mano y sin prisa.