Crónica periodística sobre Eduardo Zaplana y el entramado de poder que levantó en la Comunitat Valenciana: de la alcaldía de Benidorm al Palau y al Consejo de Ministros, hasta su ingreso en la cárcel de Picassent en mayo de 2018.
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Crónica periodística sobre Eduardo Zaplana y el entramado de poder que levantó en la Comunitat Valenciana: de la alcaldía de Benidorm al Palau y al Consejo de Ministros, hasta su ingreso en la cárcel de Picassent en mayo de 2018. Francesc Arabí reconstruye, con documentación y tono descarnado, cómo se construyó un régimen sostenido en el control de los medios, las cajas de ahorro, los macroproyectos y una red de fidelidades convertida en negocio.
El libro arranca con una escena precisa: la madrugada del 25 de mayo de 2018, en el módulo de enfermería de la prisión de Picassent, un ex presidente de la Generalitat y ex ministro repasa su vida entre paredes de diez metros cuadrados. Ese contraste —el hombre de los trajes a medida, los relojes de miles de euros y los yates ajenos frente al kit del preso y la tarjeta del economato— funciona como puerta de entrada a un relato mucho más amplio: el de cómo se levantó, pieza a pieza, una hegemonía política que terminó devastando el territorio que gobernaba.
Francesc Arabí, periodista de investigación con años de cobertura de los grandes casos valencianos, reconstruye la trayectoria de Eduardo Zaplana desde su irrupción a comienzos de los noventa hasta su salida de la primera línea y su posterior traspaso de capital político. Por el camino desfilan los episodios que dieron forma al modelo: el contrato opaco con Julio Iglesias a través del IVEX, la privatización de las ITV, el Plan Eólico, Terra Mítica, la Ciudad de la Luz, los sobrecostes de las grandes postales de hormigón, el desfalco de la televisión pública y la conversión de las cajas de ahorro en pesebre institucional. El autor no se limita a enumerar causas judiciales: describe el mecanismo que las hizo posibles.
Ese mecanismo tiene nombres y funciones. El contable que diseñó la ingeniería societaria, el amigo de adolescencia convertido en administrador de sociedades, el operador que atendía a los empresarios por ventanilla única, la secretaria que era archivo y confesionario, el propagandista encargado de maniatar la televisión autonómica. Arabí los sitúa en su lugar dentro de una estructura donde la lealtad se compraba con nóminas públicas y la disidencia se anulaba por inanición o con chequera. El resultado es lo que el libro llama, sin eufemismos, un régimen: un ecosistema mediático moldeado para macerar el discurso dominante, una administración con los controles desactivados y una ciudadanía a la que se le vendió autoestima mientras se le facturaban las obras.
Hay también una tesis de fondo sobre por qué tantos callaron. El autor apunta a una época de dimisiones colectivas —de periodistas, juristas, técnicos, interventores y ciudadanos— que coincidió con los años de vacas gordas, cuando la corrupción se digería mejor con el estómago lleno y sólo empezó a escucharse como banda sonora del día a día después del colapso financiero. Frente a esa amnesia, el libro se plantea explícitamente como ejercicio de memoria: contra quienes coloreaban el presente y blanqueaban el pasado.
Escrito en primera persona, con ironía y ritmo de crónica, el texto alterna la reconstrucción documental con la escena narrativa y el retrato de carácter. No es una biografía complaciente ni un sumario judicial ordenado en capítulos: es una incursión en los círculos de poder donde se decidían las cosas, con la ventaja de quien lleva años tomando notas desde dentro de la sala de prensa. Interesará a quien quiera entender un caso concreto, pero sobre todo a quien busque las reglas que permitieron que ese caso fuera posible, y que en buena medida siguen sin escribirse.
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