Una recopilación de crónicas urbanas que Manuel Blanco publicó día tras día en El Nacional entre 1984 y 1989, bajo el título «Ciudad en el alba». El volumen reúne estampas de la Ciudad de México vista desde sus rincones más cotidianos:…
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Una recopilación de crónicas urbanas que Manuel Blanco publicó día tras día en El Nacional entre 1984 y 1989, bajo el título «Ciudad en el alba». El volumen reúne estampas de la Ciudad de México vista desde sus rincones más cotidianos: mercados, cantinas, camellones, desfiles obreros, tradiciones religiosas en retirada y personajes anónimos que sostienen, con su rutina, la memoria colectiva de una megalópolis en expansión.
«Ciudad en el alba» es el título bajo el cual el cronista Manuel Blanco firmó, a lo largo de mil quinientos noventa y seis días, una columna diaria en el periódico El Nacional, donde estuvo a cargo de la sección de cultura. Esta selección, presentada por Salvador Ávila Beltrán, reúne poco más de una décima parte de ese archivo y propone un recorrido por la vida ordinaria de la capital mexicana en la década de 1980: el lenguaje popular, las canciones y los bailes de salón, la cocina de barrio, los oficios de la calle, la nota roja, las fiestas de muertos y las tradiciones que se transforman o se pierden frente al avance de la urbanización.
El libro no narra grandes acontecimientos históricos sino la trama fina de lo cotidiano: la cultura callejera que sobrevive a la desigualdad entre el sur próspero y el norte carente de espacios públicos; la casona de un matrimonio de clase media, don Ulderico y doña Minerva, ajeno al paso del tiempo mientras la ciudad cambia afuera; la publicidad de un supuesto profesor de telepatía que promete resolver todos los males; una niña vendedora de libros que endurece su mirada ante el abuso constante; la escasez de agua en una colonia popular; el diálogo de dos vecinas en un mercado sobre rodante que discuten la carestía; la lenta desaparición de los judas en Sábado de Gloria; la fusión de cinco ciudades —México, Cuernavaca, Puebla, Toluca y Pachuca— en una sola mancha urbana bautizada «Mexcuepuetopa»; un domingo familiar en el Bosque de Chapultepec; el desfile obrero del Primero de Mayo con sus consignas, sus bandas y su reclamo salarial; los tragafuegos y vendedores ambulantes que pueblan los camellones en tiempos de crisis y desempleo; y, para cerrar, la imaginaria vuelta de Pedro Infante, convertido en su personaje de Pepe el Toro, a una vecindad que ya no existe.
A través de estas viñetas, el autor construye un retrato afectivo y crítico de la capital: una ciudad amada y también cuestionada, hecha de nostalgia, humor, denuncia social y ternura por sus habitantes anónimos, aquellos que —según el prólogo— son, todos, cronistas de su propia historia.
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