Un escritor estadounidense viaja a Florida para registrar las historias de su abuelo ruso. En la grabadora quedan capturadas las vivencias del anciano durante el sitio de Leningrado en 1942, cuando siendo apenas un adolescente decidió…
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Un escritor estadounidense viaja a Florida para registrar las historias de su abuelo ruso. En la grabadora quedan capturadas las vivencias del anciano durante el sitio de Leningrado en 1942, cuando siendo apenas un adolescente decidió quedarse en la ciudad sitiada mientras su madre y hermana menor escapaban. Una historia íntima de supervivencia, hambre extrema y resistencia frente a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
Un relato que entrelaza dos épocas y dos formas de memoria: la del presente, donde un escritor de guiones estadounidense viaja a la casa de sus abuelos jubilados en la costa de Florida, y la del pasado, cuando su abuelo era un adolescente en Leningrado durante el sitio nazi de 1942, la semana en que conoció a su abuela, hizo su mejor amigo y mató a dos soldados alemanes.
El marco narrativo comienza en el presente, en la casa moderna de los abuelos junto al Golfo de México. El nieto, escritor de guiones para películas de superhéroes que vive en Los Ángeles, decide que necesita documentar las historias de su abuelo. Con una grabadora en mano, se sienta cada día en la terraza de concreto frente al agua oscura, mientras el anciano teje los hilos de una memoria guardada durante décadas.
La narrativa salta entonces al invierno de 1942 en Leningrado, donde el joven futuro abuelo, apenas adolescente de diecisiete años, vive en el edificio Kirov mientras la ciudad es cercada y sitiada por las fuerzas nazis. Había elegido quedarse en la ciudad tras la evacuación de su madre y su hermana menor hacia el interior de Rusia. Era demasiado joven para alistarse en el ejército regular, pero lo suficientemente mayor para formar parte de una brigada de bomberos voluntarios que vigilaba los tejados contra los incendios provocados por los bombardeos aéreos.
La descripción del sitio es brutal e implacable: Leningrado se desmorona bajo el hambre extrema, el frío despiadado y los ataques aéreos constantes. Las personas mueren de inanición, los árboles desaparecen talados para obtener leña, los animales domésticos se convierten en alimento para la supervivencia. En este contexto de horror indecible y privación total, el joven soldado reflexiona sobre su decisión de quedarse, cuestionándose si fue un acto de heroísmo adolescente o simple insensatez. Pero él cree, como creen todos en la ciudad sitiada, que la caída de Leningrado significaría la derrota de Rusia y la victoria final del fascismo en el mundo.
La novela es un testimonio vivido de cómo la guerra transforma a una ciudad y a quienes la habitan, visto a través de la lente de la memoria transmitida entre generaciones.