Crónica urbana de la Ciudad de México contada a través de sus casas, conventos, haciendas y librerías. De la última batalla de la Independencia en Azcapotzalco a la Casa Azul de Frida Kahlo, del caserón donde murió doña Marina al refugio…
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Crónica urbana de la Ciudad de México contada a través de sus casas, conventos, haciendas y librerías. De la última batalla de la Independencia en Azcapotzalco a la Casa Azul de Frida Kahlo, del caserón donde murió doña Marina al refugio coyoacanense de León Trotsky, cada capítulo levanta el acta de un inmueble y, con ella, la de quienes lo habitaron. Un recorrido breve y evocador por cuatro siglos de esplendores, ruinas y leyendas urbanas.
Hay ciudades que se cuentan por sus fechas y otras que se cuentan por sus paredes. Este libro elige lo segundo: recorre la Ciudad de México deteniéndose en casonas, conventos, haciendas, mansiones arruinadas y librerías de viejo para averiguar qué historia guarda cada dirección. El resultado es una crónica de arquitectura habitada, donde el dato de archivo —una escritura de 1528, un decreto de 1824, un parte militar dirigido al virrey— convive con la conseja popular y con el rumor que sobrevivió a los protagonistas.
El volumen abre con Azcapotzalco y la refriega del 19 de agosto de 1821, reconstruida desde las versiones enfrentadas de realistas y trigarantes: dos partes de guerra que no coinciden en bajas ni en méritos, y una placa en el atrio de la iglesia que se quedó como único testigo aceptado por todos. De ahí el relato se abre hacia el antiguo señorío tepaneca, sus haciendas, sus barrios y el tranvía que en 1913 llegaba al “lugar de hormigas”.
Los capítulos siguientes trazan un mapa hecho de domicilios. La casa donde murió doña Marina, disputada entre la calle de Cuba y la esquina coyoacanense de la Plaza de la Conchita. La Casa de la Acequia, por cuyo patio aún corre un hilo del agua que llegaba al Templo Mayor, y que acogió sucesivamente a un escribiente real, a las tertulias del exilio español y a la mítica Librería Madero. La Casa Requena, cumbre del art nouveau mexicano convertida en cascarón saqueado. El imperio pulquero de Ignacio Torres Adalid, con sus 817 expendios y su remate en el exilio habanero. El cuarto de la colonia Roma donde Ramón López Velarde escribió la “Suave Patria” y murió a los treinta y tres años. La casa de Viena 19, con las balas de mayo de 1940 todavía en la pared y el piolet de agosto. El caserón de Tacubaya que fue hacienda de la condesa de Miravalle antes de ser embajada. La mansión de Polanco donde Buñuel encerró a sus invitados en El ángel exterminador. La Casa Azul de Frida y Diego. Y, al final, la larga genealogía de los libros de segunda mano, del mercado del Volador a los portales del Centro.
La prosa es deliberadamente breve y cadenciosa, casi de estampa: enumera objetos, cita inscripciones y actas, contrapone versiones sin arbitrar entre ellas y deja que el lector saque la conclusión. Bajo esa forma late una idea sencilla y persistente: los edificios cambian de dueño, de nombre y de uso —de mansión a vecindad, de hacienda a colonia, de refugio político a museo— pero siguen contando lo mismo si alguien se detiene a escucharlos. Un libro para caminantes curiosos, aficionados a la historia urbana y lectores que sospechan que la ciudad recuerda más de lo que aparenta.
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