Crónica de los cinco días de finales de abril de 1945 que van del fusilamiento de Mussolini junto al lago de Como al suicidio de Hitler en el búnker de Berlín.
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Crónica de los cinco días de finales de abril de 1945 que van del fusilamiento de Mussolini junto al lago de Como al suicidio de Hitler en el búnker de Berlín. El libro reconstruye ese intervalo desde muchos puntos de vista a la vez: soldados adolescentes atrapados en las ruinas de la capital, jerarcas que negocian su propia supervivencia, familias que buscan una frontera que cruzar y testigos que empiezan a ver las primeras imágenes de los campos. Un relato construido, siempre que fue posible, con las palabras de quienes estuvieron allí.
A finales de abril de 1945, la guerra en Europa se apagó en cuestión de días, pero lo hizo con una violencia que ningún desenlace novelesco habría podido igualar. Este libro toma ese intervalo brevísimo —de la captura y el fusilamiento de Mussolini en las montañas sobre el lago de Como al suicidio de Hitler en el búnker de la Cancillería— y lo recorre hora a hora, alternando los grandes hechos con las vidas menores que quedaron atrapadas dentro de ellos.
La narración avanza por escenas breves y contiguas. En una casa de campesinos en Azzano, un dictador desayuna sin apetito y mira las montañas nevadas mientras espera algo que aún no sabe nombrar; unas horas después, un pelotón lo conduce a un muro cualquiera junto a una curva de carretera y la ejecución se tuerce, se repite y termina. A pocos kilómetros, su mujer y sus hijos menores son rechazados en la frontera suiza y regresan a un país donde bastaba una denuncia para morir en la calle. En Berlín, el suelo arenoso hace temblar un búnker construido para no temblar, y en su interior un hombre desplaza botones sobre un mapa civil y pregunta por un ejército de socorro que nunca llegará.
Alrededor de esos dos centros, la obra abre el foco. Un recluta de diecisiete años con cuatro días de instrucción dispara por encima de las cabezas de sus compañeros para dejarlos desertar; una joven actriz se disfraza de hombre para no separarse de su pareja y pasa la noche en una trinchera encharcada oyendo los gritos que llegan de una casa cercana; el jefe de las SS calcula, en un coche detenido entre columnas de refugiados, qué puede ofrecer a cambio de su propia vida. Al mismo tiempo, en el mundo libre, las primeras fotografías de los campos llegan a las salas de cine y a exposiciones callejeras, y con ellas la incredulidad, la sospecha de propaganda y, finalmente, la evidencia que no admitía discusión.
El libro se distingue por a quién decide seguir. Junto a los nombres previsibles aparecen los que casi nunca se asocian a esos días: la hermana de Hitler oculta bajo un nombre falso en una pensión, una cineasta caída en desgracia que no encuentra dónde dormir, un desertor de la Wehrmacht que camina hacia casa temiendo la horca y que décadas después ocuparía el trono de Pedro, una futura estrella del cine desnutrida en Holanda, un niño que sobrevive solo en las calles de Cracovia, un soldado estadounidense paralizado en un hospital italiano que escucha los vítores por el final de la guerra preguntándose si volverá a mover los pies.
El autor trabaja con una honestidad metodológica explícita: muchos testigos cambiaron su versión, otros callaron durante décadas y luego recordaron mal. En lugar de arbitrar quién miente, deja constancia de lo que cada uno afirmó, lo sitúa en su contexto y confía el juicio final al lector. El resultado es un retrato coral y desasosegante de un continente en el instante exacto en que dejó de estar en guerra sin haber empezado todavía a estar en paz.
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