Cincinnati es una novela de Heidie Rosado Nieves, inspirada en hechos reales, sobre un encuentro que nadie buscaba y que terminó ordenando dos décadas de una vida.
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Cincinnati es una novela de Heidie Rosado Nieves, inspirada en hechos reales, sobre un encuentro que nadie buscaba y que terminó ordenando dos décadas de una vida. En el San Juan de 2003, Marianna —treinta y dos años, dueña de su propia firma de consultoría, exitosa hacia afuera y blindada hacia adentro— acepta de madrugada una invitación a la fiesta de una novia plantada la noche antes de su boda. Allí conoce a Eduardo, un joven analista financiero nacido en Perú y radicado en Cincinnati, Ohio. Lo que empieza como una noche sin consecuencias despierta en ella una sensación imposible de explicar: la de estar reconociendo a alguien que ya conocía. A partir de ahí, la narradora reconstruye veinte años de reencuentros, silencios, decisiones postergadas y preguntas sobre el destino, el alma y el amor que sobrevive al tiempo.
La historia abre en una mañana de primavera, veinte años después del principio. Un vestido blanco cuelga junto a la ventana esperando su momento y la narradora se dice a sí misma que por fin llegó el día. Antes de contar qué día es, retrocede a la madrugada del 13 de diciembre de 2003 en San Juan de Puerto Rico, cuando una llamada intempestiva de su amigo Raúl la sacó de la cama para llevarla a una fiesta insólita: la de una novia a la que habían dejado plantada la noche anterior a su boda, empeñada en llenar la casa de gente, música y champán.
Marianna llega allí en vaqueros, sin cartera y sin expectativas. Tiene treinta y dos años, una firma de consultoría propia, conferencias en las mejores tarimas del país y una vida amorosa que describe como un fracaso administrado con eficiencia. El relato es franco sobre el origen de esa armadura: una violación sufrida años atrás transformó a la niña que creía en los cuentos de hadas en una mujer que decidió controlarlo todo para que nada volviera a dolerle. Esa noche, junto a la piscina de una casa que parece un castillo andaluz, la armadura falla. Eduardo —joven, culto, criado entre países, analista financiero destacado en Puerto Rico por un proyecto temporal y residente en Cincinnati, Ohio— se acerca, y en el cruce de miradas se instala algo que ella no sabe nombrar: no un déjà vu, sino la certeza física de un reencuentro.
Lo que sigue son veinticuatro capítulos y un epílogo que recorren dos décadas de una relación fuera de todo calendario previsible. Los títulos del índice trazan el mapa emocional del libro: raíces familiares y contratos del alma, una confesión dolorosa, el peso de las historias que nos contamos para no mirar, el aprendizaje de morir en silencio, coincidencias que dejan de parecerlo, mensajes atribuidos a los espíritus, una experiencia con ayahuasca, la indecisión, una promesa cumplida y, finalmente, la ausencia y el duelo. Cincinnati deja de ser un punto en el mapa para volverse el nombre de una pérdida y también el de un lienzo en blanco.
Escrita en primera persona, con un tono confesional que alterna la crónica costumbrista —el chinchorreo en el Viejo San Juan, las navidades más largas del mundo, las canchas de tenis como terapia— con pasajes de erotismo explícito y con una indagación abierta sobre las vidas pasadas, la obra funciona a la vez como memoria sentimental y como examen de conciencia. Su dedicatoria, dirigida a un yo futuro, declara la intención del conjunto: dejar constancia de una vida en la que se eligió amar. Por sus escenas sexuales detalladas y sus referencias a la violencia sexual, el duelo y la muerte, está dirigida a un público adulto.