Un manual práctico para llevar la ciencia y las matemáticas a las aulas de infantil y primer ciclo de primaria mediante la experimentación directa.
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Un manual práctico para llevar la ciencia y las matemáticas a las aulas de infantil y primer ciclo de primaria mediante la experimentación directa. Reúne actividades probadas durante casi veinte años de docencia y laboratorio escolar, resueltas con materiales baratos y fáciles de conseguir: lupas, embudos, pipetas, imanes, monedas y agua. Cada propuesta incluye los conceptos implicados, una explicación clara para el adulto, la lista de materiales, los pasos de la actividad y ampliaciones de matemáticas y lectoescritura.
Los niños pequeños llegan al aula llenos de asombro, y este libro parte de esa premisa para convertir la curiosidad en método. Su tesis es sencilla y está sostenida por la práctica: cuando los más pequeños aprenden haciendo, la comprensión que adquieren es más profunda y duradera que la que dejan las fichas o los libros de texto. La autora, maestra y responsable de laboratorio escolar, apoya esa idea en una investigación propia con alumnado en riesgo, donde duplicar la formación manipulativa mejoró los resultados por encima de otros grupos de la misma escuela.
El volumen se organiza como una caja de herramientas. Primero establece el marco: cómo equipar un rincón de ciencia y descubrimiento con microscopios, lupas, rocas, conchas, imanes, botellas sensoriales y objetos reciclados; cómo trabajar en grupos reducidos dando a cada niño una bandeja que delimite su espacio; y cómo instalar desde el principio una cultura de seguridad en el laboratorio, con reglas explícitas que se repasan antes de cada sesión. Sobre esa base introduce las competencias del proceso científico —observar, medir, clasificar, predecir, experimentar y comunicar— entendidas como el puente que prepara la llegada posterior al método científico.
El grueso del libro son las actividades, todas con la misma estructura. Los niños descubren la lupa como instrumento que agranda lo diminuto y salen a una búsqueda del tesoro; aprenden a usar embudos y tubos de ensayo para verter sin derramar; manejan pipetas que, además de afinar la motricidad fina, sirven para hablar de presión del aire. Después llegan los experimentos con enunciado de problema e hipótesis: cuántas gotas caben sobre una moneda antes de romper la tensión superficial, qué objetos se hunden y cuáles flotan, cuántas cucharadas de sal hacen falta para que un huevo cocido suba a la superficie, qué materiales atrae un imán y por qué los polos iguales se repelen mientras los opuestos se atraen.
Las matemáticas no aparecen como asignatura aparte, sino entrelazadas: contar, comparar, predecir, medir, ordenar y volcar los resultados en tablas y gráficos de barras o de imágenes que dan soporte visual al número. Las ampliaciones de lectoescritura cierran el círculo con relatos dictados, sílabas y sonidos iniciales. El resultado es un recurso directo para maestras y maestros que quieren integrar la indagación en la jornada completa, del huerto escolar a la mesa de agua.