Novela romántica contemporánea para público adulto, escrita en primera persona y ambientada en el mundo de la alta chocolatería. Alexander Moore dirige desde Nueva York la marca Péché doux, heredada de su abuelo, y ha construido su…
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Novela romántica contemporánea para público adulto, escrita en primera persona y ambientada en el mundo de la alta chocolatería. Alexander Moore dirige desde Nueva York la marca Péché doux, heredada de su abuelo, y ha construido su identidad sobre el éxito, el control y una vida sexual sin ataduras. Cuando una casa parisina renacida, L'amour du chocolat, empieza a arrebatarle mercado en Europa, ordena comprarla o destruirla, sin saber que al frente está Camille Angel, una empresaria casi invisible en los registros públicos que lo obligará a mirar de nuevo hacia la ciudad a la que juró no volver.
Alexander Moore tiene veintiocho años, una fortuna heredada y una convicción inamovible: nadie es más importante que su empresa. Nieto de James Moore, fundador de una tradición chocolatera nacida en Londres, trasladó el corporativo a Nueva York apenas asumió el mando y convirtió esa apuesta en el argumento central de su leyenda personal. Desde el último piso de la Crystal Tower administra fábricas en cuatro países, oficinas en cinco ciudades y una cartera paralela de bares, restaurantes y clubes privados que mantiene deliberadamente lejos del apellido familiar. La primera parte del relato lo presenta tal como él se ve a sí mismo: implacable en los negocios, seguro de su atractivo, incapaz de tolerar la intimidad y convencido de que el deseo se administra igual que un contrato.
Esa arquitectura empieza a agrietarse con una cifra. Luke Meyer, su director de ventas y marketing, y Daniel Wallace, su hombre de confianza para las adquisiciones, le llevan un informe incómodo: las ventas caen en Francia y Reino Unido, y la contracción se extiende a Italia, España y Portugal. La causa tiene nombre. Una compañía antigua, comprada tres años atrás y relanzada con otra administración, está ganando terreno con sabores y diseños que el gigante no anticipó. Se llama L’amour du chocolat y tiene su sede en París. La orden de Alexander es inmediata y sin matices: comprarla, desmantelarla, hacerla desaparecer.
Lo que encuentra en su lugar es un enigma. Los reportes de su investigador privado reconstruyen la historia de la familia Greco, la enfermedad de Amelia Greco y la venta de sus acciones a una tal Camille Angel, pero no aportan lo único que Alexander necesita para preparar la batalla: un rostro. No hay fotografías, ni origen, ni vínculo declarado con la dueña anterior, ni explicación para los dos años que Camille dejó pasar antes de tomar la dirección de la empresa. Sus enviados regresan con las manos vacías porque ella se niega a recibirlos. Por primera vez, la reputación que siempre le abrió puertas no le sirve de nada, y cada semana de silencio lo empuja más cerca de la única solución que se prohibió a sí mismo: viajar a Europa.
Bajo la trama corporativa late un conflicto privado que la novela dosifica con cuidado. Alexander evita a su familia, discute cada año con su madre la misma invitación que siempre rechaza y guarda una razón, conocida solo por sus dos amigos, para no volver a París. Sus rutinas —el entrenamiento a deshoras, la ducha obligatoria después del sexo, la regla de no besar en la boca, la rotación constante de asistentes— se leen menos como excentricidades de millonario que como el perímetro de seguridad de alguien que administra una herida. La aparición de Camille amenaza ese perímetro justo por donde es más frágil.
El encuentro anunciado en la sala de juntas plantea la pregunta que sostiene el libro: qué ocurre cuando la persona a la que hay que eliminar es también la única que consigue desordenarlo. Escrita con ritmo rápido, diálogo abundante y una voz narradora deliberadamente arrogante que el relato se encarga de poner a prueba, la obra combina el thriller empresarial ligero con el romance de enemigos a amantes, y ambienta ese cruce en un universo de lujo, viajes y clubes exclusivos. Contiene escenas sexuales explícitas y lenguaje adulto, por lo que está dirigida exclusivamente a lectores mayores de edad.