A principios de los años dos mil, un profesor de inglés con billete de vuelta para tres semanas aterriza en Pekín y no llega a usarlo: la estancia se convierte en casi doce años de corresponsalía para TV3.
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A principios de los años dos mil, un profesor de inglés con billete de vuelta para tres semanas aterriza en Pekín y no llega a usarlo: la estancia se convierte en casi doce años de corresponsalía para TV3. China Fast Forward reconstruye ese periodo en primera persona —viajes por todas las provincias, interrogatorios policiales, trámites imposibles y conversaciones de tren— para retratar un país que cambió a una velocidad que desbordó incluso a quienes lo observaban de cerca. Edición en castellano con traducción de Agnès González.
Todo empieza con un billete que nunca se usó. Sergi Vicente llega a China con un visado de profesor de inglés y la idea de pasar tres semanas dando clases a niños; a los pocos meses TV3 le pide crónicas desde el terreno y, poco después, la corresponsalía se hace oficial. Lo que iba a ser una escapada acaba durando casi doce años ininterrumpidos y un recorrido por todas las provincias del país.
China Fast Forward no es un tratado sobre China ni pretende serlo. Es un relato en primera persona escrito desde la distancia, cuando ya se ha cerrado la etapa de corresponsal y desaparece la urgencia de interpretarlo todo a ritmo informativo. El libro parte de una confesión poco habitual en alguien a quien en Europa se presenta como experto: cuanto más tiempo se pasa en China, menos capacitado se siente uno para explicarla. Esa honestidad marca el tono de todo el volumen, que ordena en forma de libro lo que la memoria había ido guardando como una sucesión inconexa de flashes.
El material está hecho de escenas concretas. Un interrogatorio en el Buró de Entradas y Salidas por la cobertura de la llamada «Revuelta del Jazmín», con un inspector que repite que aquello sencillamente no existe —«con el jazmín solo hacemos té»— mientras la policía blinda una calle peatonal del centro de Pekín. Un trámite doméstico, el visado de un hijo recién nacido, que revela hasta dónde puede llegar la presión sobre la vida privada de un informador extranjero. Y, antes de todo eso, los viajes iniciáticos en butaca dura, quince horas de traqueteo por el noroeste, cuadernos donde desconocidos escriben caracteres dos veces para que puedan buscarse en el diccionario, y las preguntas que en Europa nadie haría a un recién conocido: cuánto ganas, estás casado, cuántos años tienes.
De esas escenas emerge el retrato de fondo: el salto generacional y la apertura social, el replanteamiento de las prioridades políticas y económicas, la urgencia medioambiental y la presión demográfica de un territorio casi tan extenso como Europa, con el doble de habitantes y un mosaico de etnias, lenguas y religiones que resiste cualquier afirmación categórica. La imagen que devuelve el libro es la de una sociedad desconcertada, obligada a reinterpretar quién es y de dónde viene para dar sentido a un presente que se mueve demasiado rápido.
El resultado es una crónica útil para cualquiera que quiera entender la China contemporánea sin atajos ni recetas: no ofrece conclusiones cerradas, sino el conocimiento acumulado de quien vivió allí el cambio, con sus contradicciones, sus zonas de sombra y sus preguntas todavía abiertas. La edición en castellano cuenta con la traducción de Agnès González.
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