Yu Hua toma diez palabras corrientes del chino contemporáneo y las convierte en diez miradas sobre su país. A partir de ellas —«pueblo» y «líder» abren el recorrido— reconstruye el trayecto que va de la Revolución Cultural a la China del…
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Yu Hua toma diez palabras corrientes del chino contemporáneo y las convierte en diez miradas sobre su país. A partir de ellas —«pueblo» y «líder» abren el recorrido— reconstruye el trayecto que va de la Revolución Cultural a la China del dinero, uniendo el análisis social con la memoria personal: la infancia entre consignas, la primavera de 1989 en Pekín, los peticionarios que recorren el país buscando justicia. Un ensayo narrativo que busca las causas ocultas bajo las cifras del milagro económico.
Hay palabras que se pronuncian a diario sin que nadie se detenga a mirarlas. Yu Hua escoge diez de ellas y las usa como ventanas: cada término abre una perspectiva distinta sobre la China de las últimas décadas, y el conjunto compone un retrato que ningún relato lineal podría dar.
El punto de partida es una inversión deliberada. Frente a un desarrollo vertiginoso que ha sepultado sus propios costes bajo la euforia de las cifras, el autor propone recorrer el camino al revés: partir de los resultados brillantes y rastrear sus orígenes, aun sabiendo que esas causas no resultarán tranquilizadoras. El propio libro se describe como un autobús que sale de la vida cotidiana, hace parada en la política, la historia, la economía, la sociedad, la cultura, los recuerdos, los sentimientos, los deseos y los secretos, y termina regresando al lugar del que salió.
La primera palabra, «pueblo», recorre toda una biografía. Fue lo primero que el autor aprendió a leer, antes incluso que su propio nombre, en unos años en que proclamaba con orgullo infantil que el pueblo y el presidente Mao eran una misma cosa, ante vecinos que preferían asentir a discutir. Décadas después, el término se ha vaciado: los cargos públicos lo repiten, la calle apenas lo usa, y su contenido original se ha disuelto entre internautas, corredores de bolsa, trabajadores en paro y mano de obra llegada del campo. Entre un extremo y otro está el año 1989, que Yu Hua narra desde dentro: la ciudad sin policía que funcionaba por acuerdo tácito, los vendedores que regalaban comida a los manifestantes, los jubilados que donaban sus ahorros, la desaparición de Zhao Ziyang, el silencio posterior que borró los hechos de los medios y casi de la memoria colectiva. Y una escena nocturna en un paso elevado, con miles de personas cantando a pleno pulmón, que le enseñó que el calor de los cuerpos reunidos llega más lejos que la voz y que la luz.
La segunda palabra, «líder», examina la figura de Mao Zedong: el único autorizado a saludar a las masas mientras los demás dirigentes aplaudían, el estratega que gobernaba con el instinto de un poeta, el hombre que en lugar de imponer su autoridad escribió un cartel mural y encendió con ello un incendio nacional. Junto a la baja de un baño célebre en el Yangtsé, convertido en documental y en cartel repetido durante una década, aparece el detalle irónico: el Libro rojo como accesorio obligado en la mano derecha de los cuadros del Partido, «crema de belleza política» de una época. El contraste con el presente —una dirección colectiva que saluda al unísono y a la misma altura— resume el desplazamiento que atraviesa el libro entero.
Escrito con distancia irónica y a la vez con la experiencia en carne viva, el volumen invoca dos linajes: el narrador desapegado que observa las desdichas humanas y el pensador que ve en la adversidad la condición de la vida. De ese cruce nace un texto que no busca abarcarlo todo, sino elegir bien: diez palabras para condensar el discurso torrencial de un país que, como advierte el propio autor, cambia cada día que pasa.
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