Una novela chilena de horror apocalíptico que arranca en la morgue de Santiago, donde los cadáveres del vuelo JJ8210 —accidentado en la cordillera— despiertan convertidos en muertos hambrientos y desatan el caos en la ciudad.
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Una novela chilena de horror apocalíptico que arranca en la morgue de Santiago, donde los cadáveres del vuelo JJ8210 —accidentado en la cordillera— despiertan convertidos en muertos hambrientos y desatan el caos en la ciudad. A partir de ese brote, la historia sigue en paralelo a Ignacio, un joven recién expulsado de la Escuela Militar que intenta sobrevivir junto a su primo Matías y un grupo de desconocidos en las calles de Santiago, y a Javier, atrincherado veinte metros bajo tierra en un búnker construido por su familia tras heredar el secreto de un antiguo accidente nuclear.
La obra abre con un prólogo de fuerte tono clínico y macabro: en el Servicio Médico Legal de Santiago, un tanatólogo, un alumno en práctica y un detective examinan los cuerpos recuperados del vuelo JJ8210, siniestrado en la cordillera de los Andes, mientras discuten paralelismos con el célebre accidente aéreo uruguayo de 1972. Lo que empieza como una investigación forense se transforma en pesadilla cuando los cadáveres, aún semicongelados, despiertan y atacan a quienes los examinan, dando origen a un brote que se extiende por la capital antes del amanecer.
A partir de ahí, la narración se despliega en distintos frentes. En las calles de Santiago, Ignacio, un adolescente recién dado de baja de la Escuela Militar Bernardo O’Higgins, se reúne con su primo menor Matías, aficionado a los videojuegos, para hacer tiempo antes de enfrentar a su familia. Un desvío por el centro de la ciudad —el metro, el Costanera Center, el río Mapocho, la Vega Central— y un encuentro con un grupo de jóvenes terminan llevándolos a pasar la noche en una casa okupa cercana al Cementerio General, justo cuando el brote de no-muertos alcanza el barrio y los obliga a huir junto a otros sobrevivientes improvisados.
En paralelo, la historia desciende a un refugio subterráneo construido décadas atrás por la familia de Javier, un joven entrenado desde niño para un colapso que su abuelo, superviviente de un antiguo incidente nuclear en la Unión Soviética, siempre supo que llegaría. Junto a sus amigos Weiping y Siying, Javier lleva meses aislado bajo tierra, intentando capturar alguna señal de radio que confirme que no son los únicos sobrevivientes, mientras procesa la pérdida de su familia y la naturaleza cambiante de sus vínculos más cercanos.
Con un pulso narrativo que combina el horror de supervivencia con una mirada costumbrista y crítica de la sociedad chilena —el sistema de pensiones, la desigualdad urbana, la vida escolar, la cultura gamer—, la novela construye un apocalipsis zombi de raíz local, ambientado con precisión geográfica en Santiago y Valparaíso, y sostenido por personajes jóvenes que deben improvisar respuestas frente a un colapso que nadie anticipó del todo.