Segunda entrega de una saga de romance oscuro ambientada en el crimen organizado estadounidense. Meses después de la muerte de Devon Hayes, la joven que en Chicago se hizo llamar Ava Young sobrevive en Nueva York bajo su verdadero nombre:…
Descargar
Segunda entrega de una saga de romance oscuro ambientada en el crimen organizado estadounidense. Meses después de la muerte de Devon Hayes, la joven que en Chicago se hizo llamar Ava Young sobrevive en Nueva York bajo su verdadero nombre: Mia Deluca. Encadena turnos en una cafetería, pasea perros y cuida niños para pagar un estudio diminuto que considera su único refugio. Ese equilibrio precario se rompe cuando su hermano Liam la localiza y la obliga a regresar a Los Ángeles, a la casa familiar de la que huyó. Allí la vigila Madox, un viejo conocido convertido en carcelero, y el duelo empieza a transformarse en otra cosa: la voluntad de ajustar cuentas.
La novela arranca con una escena que funciona como promesa y como advertencia. Bajo la lluvia, una mujer empapada sostiene una pistola plateada frente a tres personas arrodilladas y amordazadas. Se presenta a sí misma como alguien que ya no responde a ninguno de los nombres que le impusieron: ni Ava ni Mia, sino una identidad construida a fuerza de sobrevivir. Habla de un Día del Juicio personal, de una familia que la usó como moneda de cambio ante empresarios, políticos y hombres de iglesia, y de una venganza que ha sido su único motivo para seguir respirando. El disparo que resuelve la escena, sin embargo, no sale de su arma.
Desde ese punto de fuga, el relato retrocede. Un capítulo inicial recapitula lo ocurrido en la entrega anterior: la vida universitaria en Chicago, las amigas, la noche en el club de los Kings que la puso frente a Devon Hayes, el idilio con un hombre culto y violento a partes iguales, la guerra abierta con la banda rival, el secuestro, el rescate y, finalmente, la muerte de Devon en un paso subterráneo, a manos de su propio padre y por obra de la traición de un compañero de banda. Ese resumen no funciona solo como cortesía para el lector nuevo: fija el peso muerto que la protagonista arrastra en cada página siguiente.
El presente la encuentra en Nueva York, invisible por elección. La narración en primera persona detalla la aritmética de la pobreza —ocho manzanas a pie porque el metro cuesta dinero, tostadas y mermelada, el lujo inalcanzable del papel de tres capas— y la convierte en una forma de penitencia. Su apartamento de veinticinco metros cuadrados es lo único que ha construido sola. Por eso el hallazgo de la puerta abierta, y de su hermano Liam sentado en su silla, funciona como una profanación más que como una amenaza.
Lo que sigue es un regreso forzado a Los Ángeles y a una habitación que ella misma destroza en un acceso de rabia. Frente a ella queda Madox, el mejor amigo de Liam, encargado de “romperla” para lo que el padre planea. El enfrentamiento entre ambos ocupa el corazón de esta sección: una guerra de provocaciones, humillaciones y silencios en la que él descubre que no queda nada evidente que quebrar, y ella descubre que ese hombre le provoca reacciones que interpreta como una traición a Devon. Un corte en el pie, una ducha, un vestido negro dejado sobre la cama y una convocatoria sin explicar anuncian que la familia ya tiene un plan para ella.
El libro combina duelo, violencia doméstica y criminal, coacción y atracción conflictiva, con una protagonista que se define por la resistencia más que por la esperanza. Su promesa narrativa es clara desde el prólogo: el camino que empieza en una habitación cerrada de Los Ángeles termina, tarde o temprano, con un arma en su mano.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.