Tras un domingo lluvioso que termina en tragedia, una niña llamada Michelle —Chelly para todos— descubre que su deseo puede alterar el mundo, y ese don la arrastra, junto a sus amigos, a un territorio inmenso y fantástico bajo la…
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Tras un domingo lluvioso que termina en tragedia, una niña llamada Michelle —Chelly para todos— descubre que su deseo puede alterar el mundo, y ese don la arrastra, junto a sus amigos, a un territorio inmenso y fantástico bajo la superficie donde tendrá que aprender el precio de lo que se pide con el corazón.
La familia Días Blancos vive al margen de una ciudad ruidosa, en una casa donde los horarios los fija mamá Elena y la ternura la reparte la abuela Catalina. Una mañana nublada, la rutina se rompe apenas lo justo —unos minutos de más en la cama, una misa a la que casi no llegan— y esa mínima desviación basta para que el día se convierta en el peor del calendario. De regreso a casa, un descuido frente a un camión de frutas y un auto a demasiada velocidad separan para siempre a la nieta de la abuela.
Chelly despierta en el hospital sin heridas que justifiquen su día y medio de inconsciencia, pero con recuerdos imposibles: sabe lo que se dijo en el velorio, describe conversaciones a las que nadie la invitó, repite discusiones familiares ocurridas lejos de su cuarto. Su madre oscila entre el asombro y el miedo; la propia niña preferiría que nadie hablara del asunto. La casa entra entonces en un duelo silencioso, con un árbol de Navidad que nadie mira y una habitación recién arreglada que ya no tiene colores para ella.
El luto se quiebra en la víspera de Navidad, cuando una habitación cerrada con cerrojo amanece llena de pájaros, mariposas y olor a tierra fresca, y los insectos se despiden dibujando en el aire el retrato de la niña. A partir de ahí, lo extraordinario se vuelve cotidiano: un libro perdido que reaparece, un bolso que se ordena solo, un trayecto de veinte minutos que se recorre en menos de la mitad. La explicación llega una noche de terror, cuando la abuela se aparece al pie de su cama con una frase que Chelly tardará en recordar entera: vino porque su nieta lo deseó de corazón, y todo lo que desee de corazón sucederá.
Ese don, ejercido sin medida ni malicia, causa un daño que habrá que reparar. Para enmendarlo, Chelly y sus amigos descenderán a un mundo gigantesco y fantástico situado bajo el nuestro. Lo que planean como una incursión breve se estira en una travesía larga y espeluznante, con más de un tramo en el que sobrevivir será la única meta. De ese viaje volverán con la lección más grande sobre la amistad, el amor, el planeta y las criaturas que lo habitan.
Escrita por Bea Parra, la novela mezcla el realismo doméstico —el pulso de una familia venezolana, la abuela que hace magia con los bolsillos, la amiga que se fue de viaje y no escribe— con una fantasía subterránea de tono oscuro. El duelo funciona como puerta de entrada a lo maravilloso, y el poder de la protagonista, lejos de resolverlo todo, plantea la pregunta que sostiene el relato: qué ocurre cuando un deseo se cumple sin que nadie haya medido sus consecuencias.