En un planeta diminuto donde el único continente reúne bosques de cristal, mares de arena y montañas de algodón, el príncipe heredero del pacífico reino de Ilona desaparece una noche sin dejar más rastro que un sobre.
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En un planeta diminuto donde el único continente reúne bosques de cristal, mares de arena y montañas de algodón, el príncipe heredero del pacífico reino de Ilona desaparece una noche sin dejar más rastro que un sobre. Los soldados reales, entrenados sobre todo para las fiestas, fracasan estrepitosamente en el Bosque Púrpura, y la corona debe buscar ayuda entre quienes sí conocen ese territorio: los cazadores. Entre ellos está Cereza, hija del mejor rastreador del reino, que sale de casa con su resortera y su tigre azul trenzado sin sospechar que la aventura la está esperando. Una fantasía juvenil de tono cómico y ternura, donde los héroes no son los que se anunciaban.
Áramu es el único continente de un planeta pequeño que gira alrededor de un sol y de una luna plateada con dos aros, y sus maravillas parecen fruto de una competencia entre dioses: el bosque de cristal, el bosque blanco, el mar de arena, las montañas de algodón, las cataratas escalonadas, el jardín de las almas y el río de Las Venas. Tres reinos —Ilona, Alira y Mería— se reparten ese territorio de exquisiteces, y es en Ilona, el más apacible de todos, donde comienza esta historia.
Ilona no tiene enemigos ni deudas: sus colinas cambian de color según la flor sembrada, sus noches se llenan de luciérnagas azules y verdes, y su salón de guerra jamás se ha usado para otra cosa que cumpleaños y visitas diplomáticas. Todo eso se rompe la mañana en que un soldado atraviesa los pasillos del castillo con una noticia que nadie sabe cómo pronunciar: el príncipe Símil ha sido secuestrado. El rey, enfermo, y la reina Susa ofrecen una recompensa —monetaria y, sobre todo, cinco puntos de ventaja en cada categoría del concurso anual de flatulencias— a quien traiga de vuelta a su hijo desde el temido Bosque Púrpura, donde habitan dragones, perros coraza, osos de musgo y arañas más grandes que un perro.
La expedición de los diez soldados reales, encabezada por el impasible guardia Alis, se convierte en una comedia de errores: posadas mal entendidas, cazadores que se burlan de ellos inventando enfermedades como la osopandis y la floriandis, noches de abrazos temblorosos en un establo y, finalmente, una derrota tan rotunda que vuelven al castillo en carretillas, entre yesos, calzones y excusas cada vez más creativas. Queda claro que el rescate exige a alguien que conozca de verdad el bosque. La reina toma el mando y una carta sellada parte con el más peculiar de los mensajeros hacia Villa Cazador.
Allí vive Cereza, nacida veintidós años atrás en una casa rodeada de tigres azules trenzados, alces floripondios y flores voladoras que acudieron a verla llegar al mundo. Hija de Polo Florpaloma —el mejor cazador de su tiempo, hoy con muletas, pierna de palo y un abrazo de oso del que es imposible escapar— y de la elegante Lita, Cereza no encaja en el molde de princesa: lleva caperuza celeste, corsé de cuero, una resortera enorme con martillo al otro extremo y monta a Mish, un tigre del tamaño de un caballo. Su padre la despide siempre con la misma verdad: podrán llamarla machito, pero su corazón seguirá siendo dulce.
Más allá del Bosque Púrpura, donde nadie del reino se atreve a llegar, existe una aldea desconocida con su fábrica y su casona elegante, piezas de un tablero que apenas empieza a moverse. Porque detrás del rapto hay un hombre reprimido y solitario preparando una revuelta, y los llamados a impedirla son un príncipe vago y mujeriego, una princesa consentida, una princesa vulgar y de pocos modales, y una cazadora que solo quería salir a trabajar. Primer libro de una serie escrita para lectores jóvenes y sus familias, Cereza combina un mundo de invención generosa con un humor físico y disparatado, y con la idea de que los héroes llegan siempre en el momento inesperado.