José Luis Parise propone leer la casualidad no como un accidente sin causa, sino como el nombre que la cultura moderna dio a una fuerza que otras épocas supieron convocar.
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José Luis Parise propone leer la casualidad no como un accidente sin causa, sino como el nombre que la cultura moderna dio a una fuerza que otras épocas supieron convocar. A partir de más de dos décadas de investigación en tradiciones iniciáticas, y en diálogo con el psicoanálisis y la física cuántica, el autor ordena ese saber disperso en un método de once pasos: un recorrido que promete menos fórmulas que un cambio de mirada sobre lo que cada persona considera posible.
Hay preguntas que la humanidad no termina de saldar, y una de ellas atraviesa por igual la cosmología, la genética y las decisiones más íntimas: por qué ciertas cosas ocurren cuando ocurren. A eso solemos llamarlo casualidad, suerte o azar. Este libro parte de una sospecha distinta: que ese nombre es apenas la manera en que una época dejó de reconocer algo que antes sabía trabajar, y que quienes conservaron el procedimiento fueron llamados magos.
Sobre esa premisa, José Luis Parise presenta el resultado de más de veinte años de investigación junto a portadores de tradiciones iniciáticas de distintas culturas, un material que aquí se integra con herramientas del psicoanálisis y de la física contemporánea hasta formar un cuerpo ordenado: once pasos, etapas o estaciones que el autor describe como un mapa. No el mapa de un trayecto puntual, de esos que sirven una sola vez y luego se archivan, sino la lógica común de la que todos los trayectos derivan; y con una particularidad decisiva, porque ese mapa no está guardado en ninguna biblioteca remota, sino en quien lo busca.
Antes de entrar en los pasos, el texto se detiene en algo que suele darse por sentado: nadie vive sin un método. Paradigma, modelo, mito o cosmovisión, siempre hay una estructura previa que decide qué metas nos parecen deseables, qué caminos nos resultan sensatos y, sobre todo, qué descartamos de antemano como imposible. Parise trabaja esa idea con ejemplos deliberadamente cotidianos —el trabajo como respuesta automática a la falta de dinero, un diagnóstico empresarial que se detiene en la primera causa disponible— y con citas de la antropología, la historia y la ciencia que llegan por vías propias a una conclusión parecida. De ahí se desprenden criterios concretos para elegir: un método vale por los resultados que demuestra en aquello que se le pide, y aventaja a otro cuando puede leer como efecto lo que aquel daba por causa última.
El otro eje del recorrido es la palabra. Así como el lenguaje articulado marca, según el autor, el paso del primate al hombre, es también el agente con el que se aprende a operar sobre esas fuerzas sutiles que solo se perciben por sus efectos. La pregunta que organiza el viaje se vuelve entonces más ambiciosa que cualquier deseo particular: si la palabra permitió una evolución, qué podría venir después. El libro sostiene que lo más transformador no son las preguntas sobre el camino, sino las que el caminante termina haciéndose sobre sí mismo.
Escrito con un tono directo y una puntuación enfática que insiste en el carácter de umbral de cada capítulo, el volumen se dirige a quien siente agotada su realidad cotidiana y sospecha que resignarse no es la única salida. Su propuesta no es creer, sino probar un método distinto y observar qué cambia cuando se corre el límite de lo que se acepta como posible.