Crónica periodística sobre la muerte de Cipriano Martos Jiménez, jornalero granadino emigrado a Cataluña y militante clandestino del PCE (ml), fallecido en Reus el 17 de septiembre de 1973 tras ingerir un cáustico bajo custodia.
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Crónica periodística sobre la muerte de Cipriano Martos Jiménez, jornalero granadino emigrado a Cataluña y militante clandestino del PCE (ml), fallecido en Reus el 17 de septiembre de 1973 tras ingerir un cáustico bajo custodia. A partir del sumario del Tribunal de Orden Público y de medio centenar de testimonios, el libro reconstruye su vida y examina las versiones enfrentadas —accidente, suicidio, asesinato— que durante cuarenta años quedaron sin respuesta.
Todo arranca con una certeza y un vacío. La certeza es la hora exacta de una muerte: las 22.15 del lunes 17 de septiembre de 1973. El vacío es todo lo demás. Cuando la noticia llega a Huétor Tájar, en el poniente granadino, la familia de Cipriano Martos Jiménez solo sabe que ha habido un accidente laboral en una obra de Reus. Reúnen a duras penas el dinero de un taxi, cruzan España en una noche y descubren que nada encaja: en el cementerio nadie ha oído ese nombre; en el hospital, dos guardias civiles siguen custodiando el cadáver y expulsan a la madre a puntapiés cuando se arrodilla a pedir verle la cara; y cuando por fin dan con el cuerpo, este ya ha sido arrojado a la fosa 1167 Norte, con la tierra aún fresca. Una monja enfermera es la única que se atreve a hablar claro: no hubo golpe en un andamio, sino un ácido que le abrasó el aparato digestivo durante tres semanas de agonía. En el expediente funerario figura, falsificada, la firma de un padre que jamás salió de Andalucía.
A partir de ese entierro furtivo, el libro retrocede para responder a la pregunta que sostiene toda la investigación: quién era Cipriano Martos. La respuesta ocupa tres etapas y tres territorios. Andalucía: un niño nacido en un puñado de casas del cerro del Escudero cuya fecha de nacimiento nadie llegó a saber nunca, inscrito tarde, mal y con el nombre deformado, hijo de un padre que se libró del pelotón de fusilamiento por una llamada telefónica hecha a lomos de un mulo y de una madre analfabeta que solo lograba situar el parto entre abril y mayo de 1942. Sabadell: la emigración, el choque con el ritmo urbano de la fábrica y el suburbio, el despertar político y el ingreso en el PCE (ml), una escisión estalinista minúscula, dogmática y perseguida que lucía un fusil en su emblema. Reus: la detención, el interrogatorio en el cuartel y el final.
El autor, que llevaba desde 2002 acumulando entrevistas sobre ese partido casi marginal, recibe en 2014 el impulso de dos activistas por la memoria histórica que habían logrado incorporar el caso a la querella argentina contra los crímenes del franquismo. Con el sumario n.º 718 de 1973 del Tribunal de Orden Público sobre la mesa —atestado, declaraciones, partes médicos, autopsia— y medio centenar de testimonios recogidos a lo largo de la investigación, el resultado no es una hagiografía. El libro somete a examen tanto la versión oficial que corrió un tupido velo sobre el caso como el mito del «Héroe del Partido» que sus camaradas adornaron con detalles nunca contrastados, y sostiene la incomodidad de las preguntas centrales: ¿accidente en un interrogatorio, suicidio de quien se niega a delatar, o tortura y asesinato? Quién levantó el frasco y lo llevó hasta sus labios.
La estructura acompaña esa doble tarea. Cuatro partes —Hoz, Martillo, Fusil, Secretos— trazan la biografía y su desenlace, mientras una serie de veinticuatro bloques de testimonios se intercala entre los capítulos y deja hablar directamente a quienes lo conocieron, lo interrogaron, lo escondieron o lo perdieron de vista. De esa alternancia entre relato y voz surge el retrato de una época en la que mucha gente se acostaba con la duda de si esa madrugada llamarían a su puerta, y el rescate de un caso del que en 1973 no se publicó en España una sola línea.
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