Un abogado criminalista, después de tres décadas de silencio, se enfrenta a la revelación de una verdad oscura. En 1969 aceptó defender a un hombre acusado de asesinato, sabiendo que era culpable.
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Un abogado criminalista, después de tres décadas de silencio, se enfrenta a la revelación de una verdad oscura. En 1969 aceptó defender a un hombre acusado de asesinato, sabiendo que era culpable. Ahora, una carta guarda la confesión del crimen y la identidad real de la víctima. En las sombras de Nueva Orleans, mientras espera el encuentro que cambiará todo, reflexiona sobre cómo el silencio puede ser el mejor cómplice del crimen.
Celso Costa es un abogado criminalista de prestigio cuya carrera se ha construido sobre la convicción de la inocencia de sus clientes. Pero en 1969, por única vez en su vida profesional, aceptó defender a Andrés Pineda sabiendo que era culpable del asesinato de un hombre en el río Dauro.
Treinta años después, en 1999, Costa aguarda en una habitación de hotel en Nueva Orleans una visita que lo llevará a decidir si romper el silencio que ha guardado durante décadas. Una carta recibida años atrás contiene la confesión del crimen: la verdadera identidad de la víctima, los detalles de aquella noche, los nombres de quienes conocen la verdad. El dilema es ineludible: mantener el silencio y permitir que el crimen permanezca impune, o revelar la verdad y desvelar los secretos que han permanecido enterrados durante treinta años.
La novela entrelaza tres momentos cruciales en la vida de Costa: el presente de 1999, donde reflexiona sobre la carga de guardar un secreto devastador; el otoño de 1989, cuando recibe la carta que cambia su comprensión del caso; y la primavera de 1969, cuando toma la decisión que marcará su trayectoria profesional y sus principios éticos.
A través de estos saltos temporales, la obra explora temas fundamentales: la culpa, la redención y el poder del silencio como cómplice perfecto del crimen. Costa descubre que permanecer callado puede ser la actitud más hiriente, y que tras cada silencio se esconde no solo una cobardía, sino también complicidad. La novela cuestiona la naturaleza de la justicia, la ética profesional y los dilemas morales de quien posee la verdad pero debe decidir si revelarla, enfrentándose al conflicto entre la lealtad con su cliente y la responsabilidad moral con las víctimas del crimen.