Mirella Granucci, escritora de un solo libro publicado, acepta un encargo como ghostwriter para una actriz española y viaja a Madrid con quince semanas de plazo antes de cumplir treinta años.
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Mirella Granucci, escritora de un solo libro publicado, acepta un encargo como ghostwriter para una actriz española y viaja a Madrid con quince semanas de plazo antes de cumplir treinta años. Entre el miedo a no estar a la altura del trabajo y una lista de propósitos personales escrita a bordo del avión, se instala en la ciudad, conoce a su nueva clienta y a su editor, y empieza a enfrentar, con humor autocrítico, sus inseguridades sobre el amor, la amistad y su propia vocación.
A punto de cumplir treinta años, Mirella Granucci —narradora y protagonista de esta historia contada en primera persona— siente que su carrera literaria está en un punto muerto: publicó un único libro que no fue ni reconocido por la crítica ni un éxito masivo, y las deudas la empujan a aceptar, contra la promesa que se había hecho a sí misma, un nuevo trabajo como escritora fantasma. El encargo es de otro nivel: escribir el libro de una actriz española de renombre, con la posibilidad de mudarse temporalmente a Madrid para trabajar en persona con ella.
La narración alterna entre el vuelo transatlántico que la lleva a España y las semanas previas en Chile, cuando recibió la propuesta y decidió, casi por impulso, tomarla. Durante esas horas de viaje, entre el temor a fracasar y conversaciones con pasajeros y tripulación, Mirella repasa su historia reciente: el libro que la hizo conocida por razones distintas a las que esperaba, la amistad entrañable y algo dañada con su amiga Nicole, un libro que esta le regaló antes de partir, y los restos de una relación pasada que todavía la definen en pequeños gestos, como el ritual de comprar siempre el mismo modelo de zapatillas.
En el avión redacta una lista de propósitos para cumplir antes de los treinta —hacer ejercicio, meditar, leer más, ser valiente, aprender a decir no— que funciona como hilo conductor de su intento de reordenar su vida mientras se prepara para un trabajo que la aterra. Al llegar a Madrid, se instala en casa de la actriz, a quien el relato llama con un nombre ficticio para resguardar su identidad, y empieza a moverse por una ciudad nueva: un supermercado, un cine histórico con librería, una reunión tensa con el editor español que le explica, sin demasiados matices, qué tipo de libro «liviano pero profundo» esperan de ella.
Entre la ansiedad de no sentirse a la altura del encargo, el peso de escribir en un idioma que domina solo a medias y el eco de una voz interior que la sabotea constantemente, Mirella empieza a construir, entrevista a entrevista, el vínculo profesional con la actriz. Al mismo tiempo, sin buscarlo, el libro que está escribiendo —y el que está viviendo— empieza a virar hacia un territorio que ella misma jura, al principio, que quiere evitar: una historia sobre el amor.
Con un tono confesional, autoirónico y profundamente personal, la obra combina el relato de un oficio poco conocido —la escritura fantasma— con una reflexión honesta sobre las crisis de la adultez, la amistad entre mujeres, el desarraigo de vivir en países distintos y la dificultad de aceptar que la propia vida no sigue ningún plan prolijo, por más listas que se escriban para intentar ordenarla.