Fedor Guber reconstruye la vida de Vasili Grossman desde el archivo familiar: cartas, documentos y recuerdos de quien fue criado por el escritor y lo acompañó durante medio siglo.
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Fedor Guber reconstruye la vida de Vasili Grossman desde el archivo familiar: cartas, documentos y recuerdos de quien fue criado por el escritor y lo acompañó durante medio siglo.
Hay biografías que se escriben desde fuera, con la distancia del historiador, y otras que solo puede escribir alguien que estuvo sentado a la misma mesa. Este libro pertenece al segundo tipo. Fedor Guber, hijo del escritor Boris Guber —arrestado y fusilado en 1937— y de Olga, la segunda esposa de Vasili Grossman, fue criado por el novelista, aprendió de él a mirar los cuadros, a leer y a desconfiar de lo que decían los libros de texto. Aquí devuelve ese aprendizaje en forma de retrato.
El material es, ante todo, epistolar. Un centenar de cartas entre Grossman y Olga, la correspondencia con su padre Semión Osípovich, las cartas que le llegaron de su madre Yekaterina Savélievna —asesinada en Berdichev en septiembre de 1941—, y a ellas se suman documentos de archivo, testimonios de contemporáneos como Semión Lípkin, fragmentos de otros textos del autor y papeles del Comité Central y del KGB que estuvieron sellados durante décadas, incluidos los informes de escucha en los que se oye la voz de Grossman después del secuestro de Vida y destino. La ordenación alterna lo cronológico y lo temático, y todo queda cosido por la memoria del propio Guber.
De ese montaje emerge una vida entera. El joven de Berdichev dividido entre la química y la escritura, que a los veintidós años negocia habitaciones en las afueras de Moscú y confiesa a su padre que solo dos cosas lo conmueven de veras: la naturaleza y los hombres que hacen los trabajos más duros. El corresponsal de Krásnaya Zvezdá que cubre los frentes desde Moscú hasta Berlín, pasando por Stalingrado, y que anota en un cuaderno, días antes de la victoria, a unos niños jugando a la guerra en una azotea. El autor que atraviesa tres años de correcciones editoriales para publicar Por una causa justa, y que después decide no volver a escribir para los censores. El hombre que carga con la culpa de no haber salvado a su madre, que consigue la tutela de los hijos de Boris Guber y logra que liberen a Olga, y que firmó una carta que lamentaría siempre.
En el prefacio, Tzvetan Todorov señala lo que este archivo permite ver mejor que cualquier investigación: no la construcción de un héroe, sino la de un hombre común que fue afianzando unas pocas virtudes básicas —bondad, lealtad, fidelidad— hasta convertirlas en una forma de resistencia. Frente a la ideología, Grossman no puso otra ideología: puso el ejemplo de una persona. Este libro, con sus fotografías tomadas por Guber con una cámara Zorki, muestra cómo se sostiene esa decisión en la vida diaria.
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