Reunión de las crónicas que Eça de Queiroz envió a la prensa entre 1874 y 1888, mientras servía como cónsul de Portugal en Newcastle y más tarde en Bristol.
Descargar
Reunión de las crónicas que Eça de Queiroz envió a la prensa entre 1874 y 1888, mientras servía como cónsul de Portugal en Newcastle y más tarde en Bristol. No es un cuaderno de viaje sino el testimonio de un residente que observa Inglaterra desde dentro: el escándalo tipográfico que ridiculizó al Times, las campañas coloniales en Afganistán, el hambre y la conspiración en Irlanda, las modas intelectuales de la temporada londinense. Bajo la ironía elegante late una indignación firme ante las injusticias de la civilización industrial.
Cartas de Inglaterra recoge los artículos que José María de Eça de Queiroz publicó en la prensa entre 1874 y 1888, en los años en que ejerció el consulado portugués primero en Newcastle y después en Bristol. Esa circunstancia decide el carácter del libro: quien escribe no es el viajero que pasa y anota curiosidades, sino el observador instalado durante años en el país, obligado a comentar la actualidad británica semana a semana para lectores que la miraban desde muy lejos. El volumen, publicado en portugués en 1905 al cuidado de Luis de Magalhães y vertido al castellano por Aurelio Viñas para la Editorial-América en 1920, dio a conocer al Eça periodista en un ámbito donde solo se le leía como novelista.
Las piezas alternan el gran asunto político con el detalle doméstico, y en ambos registros el procedimiento es el mismo: tomar un hecho de la semana y desmontarlo hasta que muestre lo que oculta. En una de las crónicas más célebres, un desconocido consigue intercalar una decena de líneas obscenas en el discurso de un ministro reproducido por el Times, y el episodio se convierte en pretexto para retratar la solemnidad de una institución que se tenía por la conciencia impresa de Inglaterra, el pudor de los interiores burgueses donde el periódico se leía en voz alta al desayuno y la fortuna que costó recomprar los ejemplares repartidos. En otra, la campaña de Afganistán de 1880 aparece como calco puntual de la de 1847: las mismas razones de frontera, la misma marcha con caravanas de camellos y corresponsales, el mismo saldo de muertos que se resuelve en una canción patriótica y una estampa para el comedor. Junto a ella, la cuestión irlandesa se examina en su raíz agraria —propietarios ausentes, administradores voraces, desahucios— y en sus consecuencias: los fenianos, la sociedad secreta de Mollie Maguire, la Liga de la Tierra y el bill de compensación rechazado por la Cámara de los Lores.
Otras páginas se ocupan de la vida cultural con un humor más ligero y no menos exacto. El otoño abre la estación de los libros y con ella el desfile de congresos que cubren el país de asambleas sobre todos los asuntos imaginables, incluida la sociedad de admiradores de un poeta vivo a quien la devoción de sus exégetas amenaza con convertir en ídolo doméstico; llegan también la temporada náutica y su literatura, y la de la caza, que Eça saluda con una gula confesada. El conjunto compone un retrato de la Inglaterra victoriana en su apogeo y en sus contradicciones: potencia imperial y sociedad piadosa, refinamiento y miseria administrada, prensa infalible y pruderie.
Lo que sostiene el libro no es el anecdotario sino la mirada. Eça observa sin resentimiento y sin admiración fácil, con una atención que convierte cada noticia en escena y cada escena en juicio moral implícito. De ahí el rastro amargo que deja la lectura: la burla nunca es gratuita, y detrás del ingenio se reconoce la protesta constante contra un orden que produce riqueza y desamparo con la misma eficacia.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.