Una carta indignada dirigida a un conferenciante sobre sexualidad abre un intercambio epistolar entre dos desconocidos que discuten sobre deseo, miedo y libertad.
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Una carta indignada dirigida a un conferenciante sobre sexualidad abre un intercambio epistolar entre dos desconocidos que discuten sobre deseo, miedo y libertad. Novela en correos que combina polémica, humor y voces cruzadas, incluida la de quien escribe las respuestas ajenas.
Todo empieza con un correo escrito en caliente. Arena —seudónimo de una mujer que asistió a una conferencia sobre sexualidad— envía un mensaje airado al ponente para rebatir la idea de que el cuerpo femenino esté al servicio de la reproducción. No se declara militante de nada; solo reclama la propiedad íntegra de su cuerpo y de su mente. Al otro lado está Andreu Termidor, treinta y ocho años, mallorquín trasplantado a Madrid, dependiente de un sex shop, autor de un blog de cierto éxito y conferenciante ocasional. Con una particularidad que él prefiere no aclarar: las charlas y buena parte de las respuestas las redacta Javier, su jefe, mientras Andreu se limita a dar la cara.
Esa grieta entre quien firma y quien escribe organiza la novela. La primera réplica llega cargada de brusquedad y suficiencia, dictada por un Andreu que confunde defenderse con arrasar. Pero Arena no devuelve el golpe: contesta con una confesión sobre los miedos que la han acompañado desde la infancia —el colegio, el confesionario, el padre con los mandamientos en la mano, la soledad nocturna— y sobre las mentiras que necesitó para sobrevivir, incluida la peor, la que se dijo a sí misma durante años. El desconcierto obliga a Andreu a corregir el tono, y de ahí nace una correspondencia que ya no discute sobre consignas sino sobre lo que hay debajo: si el sexo compite con el amor o convergen en la misma circunferencia, si el enamoramiento es un estado deseable o una trampa, qué se pierde cuando se aprende a temerlo. Él admite un solo miedo, el de enamorarse; ella teme lo que viene después, el desamor que deja vivo el cuerpo y vacía el alma.
Alrededor de las cartas, el libro abre ventanas a dos vidas concretas. La de Arena transcurre entre mañanas de domingo con café programado, duchas cantadas a pleno pulmón, un masajista amigo que se queda hasta el amanecer y una mesa de bar donde Almudena, Lucía y Dori celebran su rueda de confesiones sin pudor alguno. La de Andreu, entre tardes muertas en la tienda, listas de fin de semana con tortilla, vino, fútbol y sexo, y una libreta de anillas donde separa las ideas de los pensamientos. Javier, entretanto, observa el intercambio con una mezcla de vergüenza ajena y fascinación creciente por esa corresponsal que nunca ha visto.
La tensión se aprieta cuando Arena desliza que quizá no sean del todo desconocidos y se niega a despejar la duda. Andreu exige una respuesta, no la obtiene y empieza a construir hipótesis: una antigua amante, una cuenta pendiente, una venganza en marcha. El lector sabe algo más que él, porque alguien, en una conversación doméstica, ya ha pronunciado la palabra que él no tiene. Escrita a cuatro manos por Luis Ricardo Suárez y Luisa Morales, la novela alterna voces, registros y temperaturas —el correo cuidado y la interjección soez, la reflexión y el chascarrillo— para trazar el retrato de dos personas que se están conociendo por escrito mientras cada una oculta una pieza esencial de sí misma.
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