Londres, 2011. Una carta llegada desde Maine, marcada como personal y urgente, aterriza en el buzón de una casa vacía donde Jess, una joven cantante en fuga, ha buscado refugio por una noche.
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Londres, 2011. Una carta llegada desde Maine, marcada como personal y urgente, aterriza en el buzón de una casa vacía donde Jess, una joven cantante en fuga, ha buscado refugio por una noche. La escribe Dan Rosinski, un piloto de noventa años que en 1943 prometió amar para siempre a Stella Thorne entre las ruinas de un Londres bombardeado. Setenta años después, ese "para siempre" se agota y Jess se convierte, sin quererlo, en la única posibilidad de que el mensaje llegue a su destino.
La novela avanza en dos tiempos que se buscan el uno al otro. En el presente, una chica descalza corre por una calle respetable del norte de Londres huyendo de Dodge, el hombre que firma sus contratos, se queda con su dinero y le dice quién es. Con el tobillo torcido y cincuenta libras en el bolsillo, entra por la puerta trasera de la última casa de la hilera: una vivienda detenida en 2009, con el calendario aún colgado, las tazas en sus ganchos y una barra de labios escarlata olvidada en el armario del baño. Allí, a la mañana siguiente, el buzón deja caer un sobre de papel grueso dirigido a la señora S. Thorne y sellado en Estados Unidos.
Dentro está la voz de Dan Rosinski, que escribe desde una casa frente al Atlántico donde el amanecer es un milagro diario y los frascos de pastillas comparten mesilla con la carta. Tiene noventa años, poco tiempo por delante y una certeza intacta: nunca dejó de amar a la mujer que conoció cuando tenía veintidós y volaba con el Escuadrón 382, cuando las probabilidades de volver de cada misión eran de una entre cinco.
De ahí la narración retrocede a 1942, a una boda de guerra celebrada con cupones intercambiados y un vestido prestado, donde Stella Holland se convierte en la esposa de un vicario mayor que ella, agradecida por la seguridad de tener por fin un hogar propio. Es la mujer que un año después encontrará a Dan entre los escombros, y cuya correspondencia sostendrá lo único que la guerra no puede requisar.
La carta abierta por error deja a Jess ante una elección sencilla y difícil: ignorar lo que no le corresponde o buscar a una desconocida de la que solo tiene un nombre. Una historia sobre cartas que tardan setenta años en llegar, sobre lo que dejamos atrás y queda al descubierto como rocas con la marea baja, y sobre la posibilidad de que rescatar un amor perdido sirva para empezar otro.
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