Carta abierta de un editor barcelonés a un lector indeciso sobre el independentismo catalán, escrita en 2014. El autor rechaza vender la independencia como solución mágica y la presenta como una herramienta: repasa el agotamiento del…
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Carta abierta de un editor barcelonés a un lector indeciso sobre el independentismo catalán, escrita en 2014. El autor rechaza vender la independencia como solución mágica y la presenta como una herramienta: repasa el agotamiento del Estatut y del pacto fiscal, inventaria las competencias que la Generalitat no tiene y defiende el proceso, sobre todo, como una oportunidad de regeneración democrática abierta desde abajo.
Escrito en forma de carta y dirigido a un destinatario concreto —el «querido indeciso»—, este libro parte de una renuncia deliberada: quien escribe no promete un catálogo de garantías firmado ante notario. La independencia, sostiene desde la primera página, no tiene propiedades mágicas; es un instrumento, y los instrumentos pueden usarse bien o mal. Sobre esa base modesta construye un argumento que aspira a ser racional antes que emotivo.
El autor se presenta brevemente: barcelonés nacido en 1970, periodista, con una experiencia de gobierno entre 2007 y 2010 como secretario de Cultura, docente y editor de una revista local con quince trabajadores. Desde ese lugar reconstruye el itinerario que, a su juicio, explica el momento presente. Recuerda que el independentismo nunca fue el plan A del catalanismo, cuyo objetivo histórico fue siempre hallar una forma cómoda de estar en España. El relato se detiene en el Estatut impulsado por Pasqual Maragall y aprobado en 2005, y en su desmontaje sucesivo: la recogida de firmas en contra, el recorte parlamentario, el referéndum aceptado a regañadientes y la sentencia del Tribunal Constitucional. Después, el pacto fiscal y su rechazo rotundo. La conclusión que extrae es que el plan B llegó por agotamiento del plan A.
El núcleo argumental es la metáfora de la caja de herramientas. El libro inventaria, caso por caso, aquello que un gobierno autonómico no puede hacer: no recauda los impuestos principales ni tiene capacidad normativa o inspectora sobre ellos, no controla la política de infraestructuras ni las vías ferroviarias, no incide en la justicia ni en el Código Penal, no legisla sobre hipotecas, aborto, autónomos o pensiones, y no dialoga directamente con Bruselas. La comparación es con Dinamarca, Holanda, Austria o Noruega, países de tamaño semejante que sí disponen de esas herramientas. El autor no oculta las responsabilidades propias: señala la incapacidad de los partidos catalanes para aprobar una ley electoral propia como una de las vergüenzas del autogobierno.
Un segundo eje, que el autor declara el más importante para él, es la revolución democrática. A partir de su experiencia personal en la Via Catalana de 2013 —el hotel lleno, el restaurante que cambia el menú, la mano de un desconocido— describe un movimiento popular que ha desbordado a los despachos donde tradicionalmente se cocinaban las decisiones. Independencia, escribe, se ha vuelto sinónimo de oportunidad; y oportunidad no significa garantía. Rechaza por igual el relato del infierno y el del jardín del Edén, y distingue entre el consumidor que exige que el producto le guste y el ciudadano que participa en fabricarlo.
El libro dedica también un capítulo a desactivar la acusación de fractura social. Con el episodio del hashtag #independentistEZ, la anécdota del acto universitario donde la mayoría de estudiantes levanta la mano al preguntárseles por abuelos nacidos fuera, y el recuerdo de la propia madre «charnega», defiende que el conflicto no es con España ni con la lengua castellana, sino con el Estado como poder político. Un último bloque afronta los argumentos del miedo —la salida de la UE, el boicot comercial, las pensiones— desde el sentido común más que desde la pericia técnica, con un anexo bibliográfico para quien quiera profundizar de la mano de voces expertas.
El resultado es un texto de tesis explícita y tono conversacional, más interesado en explicar un razonamiento que en cerrarlo: un alegato que asume su parcialidad, admite lo que no sabe y remite al lector a decidir por sí mismo.
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