En la brumosa Londres eduardiana, Jenny Raeburn nace de una familia de clase media en declive. Su madre Florence sufre la angustia del parto mientras su padre Charles busca refugio en la taberna, dejando a la recién nacida rodeada de…
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En la brumosa Londres eduardiana, Jenny Raeburn nace de una familia de clase media en declive. Su madre Florence sufre la angustia del parto mientras su padre Charles busca refugio en la taberna, dejando a la recién nacida rodeada de extraños y de tres tías de rígida respectabilidad que ofrecen educación y posición social a cambio de custodia. Carnaval de Compton Mackenzie traza magistralmente cómo las ambiciones frustradas, el linaje pretencioso y las miserias cotidianas moldean el destino de quien nace en el seno de familias donde el orgullo supera la fortuna.
Compton Mackenzie abre Carnaval en la Londres brumosa de principios del siglo XX, donde Jenny Raeburn llega al mundo en la noche más prosaica: su madre Florence soporta las torturas del parto mientras su indeciso padre Charles escapa hacia la taberna, incómodo ante el sufrimiento. En medio de la agonía, Florence no puede sino obsesionarse con detalles que la torturan: cortinas desaliñadas, una bola de latón faltante en la cama, la sensación de haber malgastado su juventud casándose por debajo de su rango con un ensamblador sin fortuna ni aspiración.
Del caos nace Jenny, nombrada así en un acto de esperanza maternal. Apenas quince días después, irrumpen las tres tías abuelas—Alice, Fanny y Mary—, mujeres de «fúnebre rigidez» establecidas en Villa Carminia, donde antaño reinó su padre Frederick Horner, farmacéutico de honorabilidad proverbial. Ofrecen a Florence una solución tentadora: educar a Jenny en refinamiento, enviarla a un colegio de señoritas, proporcionarle la posición que su madre nunca alcanzó. El precio: la custodia de la niña. En estas páginas germina el núcleo de la novela: el conflicto irreconciliable entre dignidad familiar, obligación maternal y la promesa seductora del ascenso social.